Así lo vimos

La rata que hundió a la FIFA

Durante el 2012 descubrí la fantástica vida de Chuck Blazer. Más allá del futbol, su influencia con promotores y organismos deportivos lo llevaban a viajar por el mundo.

Durante el Super Bowl, en Indianápolis, realizaba un recorrido por los palcos para conseguir alguna entrevista interesante; en los boxes que la NFL reserva siempre se pueden ver celebridades, jugadores y directivos.

Entré a uno de esos reservados destinado al Salón de la Fama, donde su inmensa humanidad destacaba; sentado en una barra detrás de las tribunas, apoyando a su equipo, los Gigantes de Nueva York que derrotaron a los Patriotas. Blazer nos dijo de forma muy amable que él venía como invitado, que no estaba dando declaraciones.

Meses más tarde volví a verlo en una tribuna para discapacitados en la final del basquetbol en Londres 2012. Hace varios años que anda en una silla de ruedas eléctrica por su sobrepeso. Estaba ahí, apoyando a la selección estadunidense que le ganó la medalla de oro.

Blazer tenía muchos amigos, a los que vendió por 15 millones de dólares, mismos que recibió en sus comisiones por debajo de la mesa, arreglando votos y haciendo negocios con el futbol. No pudo comprobar la procedencia ni pagó impuestos, así que la justicia estadunidense lo usó de informante para las operaciones que destruyeron la poca credibilidad que tenía la FIFA.

Ayer, recordando esa escena en el Super Bowl encontré el blog que el propio Chuck alimentaba hasta 2014, titulado “Viajes con Chuck Blazer y sus amigos”.

Presumía sus fotos con jefes de estado como Nelson Mandela; con el papa Juan Pablo II; la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, Hillary Clinton y el príncipe Ali Bin al Hussein de Jordania, único “opositor” en la virtual reelección de Joseph Blatter. Deja clara su buena relación con leyendas como Pelé, Franz Beckenbauer y Michel Platini. También con aquellos con los que compartió puestos en Concacaf, como Jack Warner (uno de los que delató).

La fantástica vida de Blazer incluía post en los que se jactaba de su buena intención cuando acusó a Warner y explicaba porqué votó por Rusia como sede para 2018.

Esa vida fantástica terminó con la FIFA como la conocíamos.

carlos.contreras@milenio.com

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