Así lo vivimos

Todos odian a Ronda Rousey

Hace algunas semanas escuché a David Robinson contar algunas historias en NBA TV. La mejor, una anécdota, con una sonrisa sobre el día que conoció a Michael Jordan. El jugador de los Bulls se acercó a decirle: "Voy a clavártela en la cara, grandote". Jordan es y será el más grande durante todavía varios años y en su mejor momento fue famoso por la forma en la que sacaba de sus casillas a sus rivales, no dejaba de hablar, de burlarse, de amenazar. Robinson puede reírse de esa actitud décadas después, pero las víctimas de Ronda Rousey no lo harán nunca. La ex campeona atrajo suficiente negatividad como para hacer que Lady Gaga se tomara el tiempo de atacarla en sus redes sociales y que Donald Trump le hiciera un espacio en su apretada agenda.

Pero las víctimas de Rousey no van a sonreír cuando se acuerden. A mí me toco estar desde su primera pelea en UFC ante Liz Carmouche, hasta su último triunfo hasta ahora ante Bethe Correia. Su actitud fue cambiando, su entorno la fue alejando cada vez más del resto. Sus palabras fueron cada vez más humillantes, agredía verbalmente sin provocación alguna y las hacía sentir basura antes de finalizarlas en cuestión de segundos; hasta que un día le falló. Con Holly Holm nada le salió bien, en el pesaje dejó claro que ella era la que no tenía un respeto por sus rivales; Holm se quedó estática, sin comprender por qué ronda tenía tanta prisa de arrancar las hostilidades 24 horas antes. Seguramente Rowdy no sabía la espectacular paliza que le darían un día después, su frase "las termino rápido porque me caen bien, si me cayeran mal las haría sufrir más tiempo", aplica perfectamente. Fueron 6 minutos de pesadilla, en los que Holm no dijo mucho, solo lloró de la emoción.

De pronto todos hablan de su mala técnica, destruyen a su entrenador y ya nadie quiere verla hacer los comerciales que pusieron a este deporte sobre el mapa. En un día cualquiera, todos los iconos del MMA han perdido, desde Royce Gracie o Fedor, Pasando por GSP y Anderson Silva hasta Jon Jones y Caín Velásquez vivieron este momento. Pero el sábado no fue un día cualquiera, Rousey se tomó en serio el papel de la mujer más mala sobre la tierra y hoy paga las consecuencias.


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