Así lo vivimos

La diferencia

En los últimos 20 años la NFL ha tenido quarterbacks de condiciones atléticas espectaculares como Peyton Manning, Aaron Rodgers o Drew Brees, que en muchos sentidos superan a Tom Brady. En la historia que todos conocemos, ni siquiera pudo mantener la titularidad en el colegial con Michigan, sus valoraciones en el Combine fueron muy pobres y con mucha suerte fue seleccionado en la sexta ronda.

Brady no se crió con la obligación de llegar a la NFL como los Manning ni llegó como el proyecto de heredero de Drew Bledsoe como sí lo hizo Rodgers con Brett Favre ni tampoco figuraba para convertirse en un rompe marcas antes de la campaña 2007, pero lo hizo.

Aunque la historia de este fin de semana seguramente será la posibilidad de que los Vikingos jueguen en casa, con ese espectacular ambiente, los cantos y los aplausos largos, hay que poner atención a la fortaleza mental de Brady y la manera en la que Bill Belichick controló el vestidor ante las filtraciones periodísticas de ESPN en Estados Unidos, que hablan de un rompimiento entre las tres piezas claves en la dinastía más dominante en la historia de la Liga, el jugador, el entrenador en jefe y el dueño Robert Kraft.

Suena verosímil pensar que Belichick estuviera molesto ante el cambio de su QB del futuro, que sepa que por mucho que hoy Brady sea el mayor candidato al MVP pronto su cuerpo dejará de responder y hoy no tienen a nadie a poner en su lugar, pero no se notó, como tampoco fueron afectados por el escándalo de los balones desinflados cuando estaban planeando el Super Bowl ante los Halcones Marinos de Seattle.

La tormenta puede desatarse el 5 de febrero, pero no antes, la mentalidad ganadora es la que hace la diferencia, hoy el objetivo es más grande y simplemente seguirán haciendo su trabajo.

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