Así lo vivimos

Pena es robar y que te cachen

Esa confianza con la que Mauricio Ortega entró al vestidor de los Patriotas de Nueva Inglaterra antes de que se abriera a los reporteros, la misma con la que tomó una botella de agua y miraba a las cámaras de seguridad con una sonrisa, mientras planeaba el último de sus robos seriales cambió por el gesto desencajado, el cabello despeinado, las lagañas y la voz entrecortada por los nervios.

El vicepresidente de Estados Unidos, Michael Pence estaba ese día en el NRG Stadium, con él, cientos de elementos del Servicio Secreto, otros tantos acompañaban a George Bush padre. También estaba la policía de Houston y la seguridad privada contratada para el evento. No iban a dejar que nadie los dejara en ridículo. La persecución cruzaría la frontera si era necesario.

Ortega sabía que lo estaban buscando, por eso escondió el jersey que le robó a Tom Brady en casa de alguien más, no en el altar donde guardaba sus recuerdos. Hizo que su esposa saliera a negar que se encontraba en casa y luego tuvo que mandarla a recogerlo junto a los agentes que se presentaron con la orden de cateo.

Este hurto motivó una operación binacional con muchas instituciones colaborando para atraparlo, para recuperar una prenda que vale poco más de 200 dólares, pero que subastada tiene un precio insospechado.

La NFL no presentó cargos y la ley en México le permite librar la cárcel, una situación difícil de comprender cuando los hechos son evidentes. Ortega Camberos engañó, usurpó, robó y mintió, pero no recibió castigo. La crónica de su rastreo supera cualquiera de las historias policiacas que relata todos los días el diario que dirigía hasta 48 horas antes de que la PGR lo encontrara.

Le revocaron la visa, nunca más lo acreditarán para ningún evento internacional y difícilmente conseguirá trabajo en un medio de comunicación serio. La vergüenza y el escarnio público al que ha sido sujeto parece poco comparado ante lo que le hubiera esperado si la policía de Houston lo hubiera sorprendido esa misma noche.

Remontar una desventaja de 25 puntos en el Super Bowl ya era suficiente para escribir un guión sobre lo sucedido esa noche, pero la historia de cómo Tom Brady se reunió con sus adorados jerseys nos hace pensar que la secuela será todavía mejor. 

carlos.contreras@milenio.com

twitter@CCLegaspi