Así lo vivimos

Nadie quiere una pelea larga

En mayo de 1996 llegó a los cines en Estados Unidos una cinta titulada The Great White Hype. Una comedia cuyo argumento se basa en un promotor de boxeo (Samuel L. Jackson) que se percata de que los aficionados estaban dejando de ver el boxeo porque estaban hartos de ver peleadores de raza negra enfrentarse entre ellos, y cualquier blanco sin posibilidades de vencer al campeón del peso completo (Damon Wayans) podría generar más ingresos.

Así encontraron a un descendiente de irlandeses (Peter Berg), que había vencido al monarca como amateur para armar una pelea millonaria. ¿Suena familiar?

Floyd Mayweather debutó como profesional ese año, la cinta es una crítica a la era de Mike Tyson, cuando su propia indisciplina y conducta fuera del ring terminaron con su brillante carrera, pero dentro del campamento de Money, así visualizan el enfrentamiento con Conor McGregor. El discurso del estadunidense ha sido moderado, dándole crédito al campeón ligero del UFC, todo para ocultar lo que en realidad están buscando: un nocaut fácil, cerrar su carrera con una victoria sólida.

El miércoles por la noche, Mayweather entrenó por última vez en su gimnasio en la plaza China Town de Las Vegas y los testigos presenciales dicen que Floyd está entero, tal vez con más intensidad que hace cinco años, cuando le dio una lección de boxeo a Saúl Álvarez. Tomó esta pelea porque piensa que es perfecta para su 50-0 y ganar cientos de millones una vez más.

Aunque las apuestas pagan 1-1, si Mayweather gana por decisión, haciéndola la posibilidad más alta de victoria para el bronce olímpico en Atlanta 1996, él no va por eso, no va a esperar a Conor, pues está confiado en que puede acabarlo rápido y sacarse la espina. McGregor tiene el mismo plan de siempre, noquear en el primero, así es que si la pelea recorre la distancia, será porque ambos fallaron en hacer su trabajo.

carlos.contreras@milenio.com •  twitter@CCLegaspi