Así lo vivimos

Y así nació el romance con Matosas

Los chismosos decían que se iba, la derrota en Costa Rica y la humillación en Veracruz eran las gotas que derramaban el vaso y la era de Gustavo Matosas habría sido fugaz en Coapa.

Pero en América hace varios años que dejaron de echar los proyectos por la borda de la noche a la mañana. Seguro ese viernes en el Pirata de la Fuente hablaron fuerte Ricardo Peláez y el técnico uruguayo, habrán alzado la voz, no era para estar de buenas. Pero esta directiva ha recuperado la grandeza del Club a base de continuidad, no echando técnicos a medio torneo.

Dos cosas son ciertas, la primera, la relación con Mohamed estaba rota y aun así trabajaron ambas partes hasta el final del contrato para conseguir el objetivo. La segunda, es que sin los rumores y las goleadas, el Estadio Azteca no hubiera estado lleno anoche, ¿cuándo un partido contra un equipo de Costa Rica iba a tener la tribuna a más del 30 por ciento en miércoles por la noche?, ¿cuándo 90 mil personas se le entregaron a Benedetto, Peralta y Sambueza cuando salieron de cambio en un partido de Concachampions? Ni con boletos regalados se hubiera imaginado.

Con muy poco América le ganó a Cruz Azul el sábado pasado, y en 25 minutos eliminó al equipo que los goleó en Heredia, el que presagiaba que por primera vez desde que inició el formato de Liga de Campeones de Concacaf no habría un equipo mexicano en la final. La evolución del equipo en estos 15 días no fue tanta, no han terminado de “reinventarse”, pero el ánimo es muy diferente.

Matosas no ha ganado nada todavía, la final debió ser obligada en los objetivos del arranque de torneo, como debe ser el bicampeonato, para demostrar que no fue un error dejar ir al Turco.

El sábado América no llegará como víctima a Monterrey y Mohamed buscará una revancha todavía más dulce ante un equipo motivado, muy lejos del desastre en Veracruz.

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