Así lo vimos

El mundo de los “putos”

Nuestro vocabulario incluye frases como "ya puto, vamos a echar unas chelas, ¿o te pega tu vieja?", "me fue a acusar con mi jefe, es un puto" o "no dejes que juegue con muñecas, te va a salir putito".

Todos hemos sido putos o calificado como putos a alguien alguna vez, siempre con la misma connotación, puto es sinónimo de homosexualidad y -en esa lógica- todos los putos son cobardes, todos son chismosos.

En varios medios de comunicación se le ha dado voz a la gente que va a los estadios, que festeja el grito, que hoy está cerca de costarle un veto al estadio Azteca para los partidos de selección nacional, bajo el pretexto de que es nuestro folclor, de que no es un insulto (si de todas formas el portero no es maricón).

Irónicamente son los mismos que quedaron fascinados con el aplauso largo de los islandeses en la Euro. Un pueblo guerrero como el nuestro, podría pensar en mil expresiones más honrosas, en lugar de estar chingando, para no olvidarme de Octavio Paz esta semana.

La campaña de la Federación y la Liga es bien intencionada, pero el mensaje debe ser claro, no seas racista, no grites puto, porque es otro acto de intolerancia. No está diseñada para un mundo tan sensible como en el que hoy vivimos. No es el mismo que hace 20 años, hoy la gente puede linchar a una señora que rescató a un perro, solo porque un ignorante la grabó con su celular y aseguró que lo estaba abandonando a su suerte.

Adrian Peterson se perdió un año en la NFL por castigar a su hijo a cinturonazos. La opinión pública ha cambiado, la difusión es masiva e inmediata.

Cuando 90 mil aficionados que se organizan para gritar "puto" demuestran que viven en el pasado, cuando la sexualidad de las personas era más importante que sus actos.

carlos.contreras@milenio.com • twitter@CCLegaspi