Así lo vimos

La muerte que “legitima” el deporte

Crecí viendo los deportes, cuando no iba con mi papá al Estadio Azteca pasábamos el fin de semana pegados a la televisión abierta. La oferta en aquellos días era diferente, partidos de la Liga Mexicana desde el medio día del sábado y domingo, entre semana beisbol de Grandes Ligas y basquetbol de la NBA, por las noches el boxeo y la lucha libre.

Recuerdo bien el trágico episodio con la muerte de Oro y el argumento que escucho repetirse una y otra vez desde el viernes. "Para los que dudan que este es un deporte, ahí está la muerte del Hijo del Perro".

Absurdo, la escandalosa muerte de Pedro Aguayo Ramírez no demuestra que la lucha libre es o no un deporte, solo deja claro que los que dedican su vida a ella exponen su salud en cada función.

El Hijo del Perro era una estrella, heredero de las décadas de culto que construyó su padre y compartía el cuadrilátero con uno de los luchadores de origen mexicano más exitosos a nivel internacional en los últimos años, Rey Mysterio.

Por eso hemos visto la horrenda imagen una y otra vez, por eso los diarios nacionales y medios fuera de México lo han reportado. ¿Pero cuántas funciones sin garantías de seguridad se llevan a cabo en todos los poblados de la República Mexicana cada día?

Auditorios, gimnasios y salones de eventos improvisados donde los que pagan pueden presenciar, sin esperarlo, una lesión grave o la muerte de uno de los integrantes del montaje. Luchadores que entrenan todos los días, con grandes capacidades atléticas y que en muchos de los casos apenas ganan para sostener a su familia.

No todos son estrellas, no todos están en las grandes promociones y la mayoría tiene que estar en todas las funciones que pueda cada semana para salir adelante.

El deporte de contacto, desde el karate, taekwondo, boxeo, muay thai, artes marciales mixtas y hasta el futbol americano, por mencionar algunos, están regulados, tienen estadísticas y límites de combates por mes o anualmente. No se puede exponer la vida tres veces a la semana.

El Hijo del Perro murió haciendo su trabajo, pero la escena del Auditorio Municipal de Tijuana no puede pertenecer a algún deporte.

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