Así lo vivimos

Un millón de brasileños se suicidan

Muy pocas veces la realidad puede superar a las leyendas. Hoy quedan tan pocos testigos presenciales de lo que ocurrió en el “Maracanazo” de 1950 que aquel acontecimiento, relatado principalmente a través de la radio y de los diarios alrededor del mundo está lleno de mitos.

Crecimos escuchando que aquel gol de Alcides Ghiggia sirvió para que Uruguay callara las más de 200 mil voces del Maracaná en la final de la Copa del Mundo, que hubo suicidios colectivos y los brasileños juraron no volver a jugar de blanco.

No hay un documento que valide las muertes autoprovocadas en medio de la decepción mundialista, ante un equipo charrúa que era la verdadera potencia del futbol de la época y los estimados reales aseguran que Maracaná podría albergar como máximo 180 mil espectadores. Además, esa Copa del Mundo solo contó con 13 equipos y no hubo partido final, fue una casualidad que Uruguay, que venía de empatar con España y ganarle a Suecia cerrara la segunda fase de grupos ante Brasil, donde los locales habían aplastado 7-1 y 6-1 a los mismos rivales.

Brasil volvió a usar la misma camiseta blanca en el partido del centenario de la FIFA ante Francia, un encuentro donde ambos portaron los uniformes retro.

Este fin de semana, las cosas podrían ser todavía peores que un 7-1 en casa. A pesar de que Alemania es el gran favorito a campeón del mundo, Argentina puede dar la sorpresa y seguramente serán más de 60 mil aficionados albicelestes los que hagan el viaje con o sin boleto. Ya de por sí será penoso para los cariocas en Río de Janeiro ver a los eternos rivales inundar la cuidad con sus colores, como para tener que soportar que celebren en Copacabana durante los siguientes días, y desde su hogar, durante meses, años y décadas.

De la paliza propinada por Müller, Klose, Kroos, Özil y compañía se hablará durante otros 64 años, pero si se corona Argentina, aun con un equipo que no convence, el mal durará 100 años.

Si perder 2-1 nos regaló tantos mitos, un titular como el de este artículo se quedará cortó.

carlos.contreras@milenio.com

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