Así lo vivimos

No son migajas, es la realidad

Es inocente pensar que México podría albergar más de 10 partidos de la potencial Copa del Mundo del 2026, sin embargo, resulta más popular quejarse y pedir más sin ningún argumento.

Un mundial de 80 partidos y 48 selecciones en solitario ni siquiera estaba en la mesa. Este no es un país que necesite cinco o seis elefantes blancos de 500 millones de dólares ni que pueda desarrollar infraestructura en nueve años como para competir con Estados Unidos.

Sería absurdo esperar una inversión pública de miles de millones de dólares por capricho de los que piensan que solo por historia y tradición merecemos otra final en el estadio Azteca.

La mejor muestra es la Copa América Centenario del 2016. Conmebol ya está viendo cómo organizar otra en la sede que genera ingresos considerablemente más altos que en cualquier nación sudamericana, pero además dejó pruebas de las facilidades logísticas que ha venido mostrando en las últimas 13 ediciones de la Copa Oro.

México no ha tenido ni el interés de albergar el torneo de su región en exclusiva desde que se instauró el nuevo formato en 1991. El mundo es muy diferente al de 1986 y la atención al futbol ha cruzado fronteras.

Desde entonces se han llevado a cabo 246 partidos de Copa Oro, dos de ellos en Toronto, 15 en el estadio Azteca y los otros 231 repartidos entre estadios para uso de la MLS, NFL y futbol americano colegial.

En 1993 y 2003, México fue sede conjunta. En la segunda enfrentaron dos veces al Brasil de Kaká, Robinho, Diego, Maicon y Julio Baptista, primero en fase de grupos y luego la final, donde se coronó. Ninguna de las dos tardes el coloso de Santa Úrsula estuvo lleno. ¡En un México vs. Brasil!

Ahora imagínense un partido de una selección europea contra una asiática en Torreón. Un martes por la tarde.

Esta no fue una decisión que se tomó ayer, si en nuestra propia Confederación se han tomado esas decisiones, ¿dónde está la sorpresa en la candidatura tripartita? 

carlos.contreras@milenio.com

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