Así lo vivimos

La maldita etiqueta

Estuve en el vestidor de los Broncos de Denver hasta que salieron los últimos dos jugadores después de ganar el Super Bowl. No es difícil de adivinar, fueron Peyton Manning y Von Miller.

El legendario quarterback y el MVP del título fueron los más ocupados hasta el final, cuando Peyton terminaba de vaciar su casillero –en la que pudo ser su última vez-, Miller se alistaba para meterse a la ducha.

Platicaba con el pequeño grupo de reporteros que quedábamos ahí y bromeaba diciendo que tal vez ni siquiera tendría que llamar a su agente, que después de esa noche su nuevo contrato con los Broncos sería cosa fácil, pero no lo ha sido.

Sin duda, Miller se ganó el derecho a ser el jugador defensivo mejor pagado de la historia, la postemporada en la que destrozó a tres impresionantes ofensivas como la de Pittsburgh, Nueva Inglaterra y Carolina, con una intercepción, dos pases desviados, dos fumbles provocados, cinco capturas y 11 tacleadas en tres partidos. Entonces, ¿qué pasó?

Una actuación así le valió a Joe Flacco firmar un contrato de 120 millones de dólares luego de ser el MVP del Super Bowl, la diferencia es que él solo tuvo una postemporada sobresaliente y Miller ha sido el corazón de su defensiva desde que fue la segunda selección global.

Desde la firma del absurdo contrato de Flacco, cualquier quarterback titular aspira a más de 20 millones de dólares por año. La lista para el 2016, tiene a Flacco como líder en salario promedio con 22.13 mdd, y Miller aparecerá en la posición 32 con 14.12 millones debido a la etiqueta de jugador franquicia que le pusieron los Broncos, misma que le impide negociar con cualquier equipo.

Es cierto que 14 millones no son poco, pero en medio de las grandes decisiones que ha tomado John Elway, éste puede ser un error grave, pues las aspiraciones de su equipo llegan hasta donde Miller pueda llevarlos presionando a los pasadores rivales, ni aunque se quedara Peyton o renovaran a Brock Osweiler esa ofensiva va a espantar a alguien.

Von Miller se merece el contrato de nueve cifras y por más de cinco años, si no se lo dan antes de que empiece la campaña, 2016 habrá sido su último año en casa.


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