Así lo vivimos

Éste lo perdió "Tuca"

En el beisbol existe una posición poco habitual, extraña para cualquier otro deporte, pero esencial para “el rey” en los tiempos modernos: el cerrador.

Se trata de un pitcher que participa en 3 de los 27 outs que tiene un encuentro. Habitualmente se emplea a alguien que puede tirar alrededor de las 90 millas por hora, para enfrentar a los bateadores cansados que no están viendo la pelota a ese ritmo desde hace un par de entradas. Por eso tienen un índice alto de ponches y una efectividad baja.

Tigres tiene en Jürgen Damm a su gran cerrador, un velocista que nadie alcanza en igualdad de condiciones, pero cuando entra al minuto 70, con el oponente desgastado es mortal. Pesó en el partido de ida: su entrada y la de Damián Álvarez trajeron como consecuencia el dramático empate en el Universitario.

Nadie saca al cerrador a lanzar la primera entrada, pero esa fue la decisión de Ricardo Ferretti, que dejó en la banca a Lucas Zelarayán, de gran torneo y optó por un experimento que no funcionó. Ni Damm por derecha, ni Ismael Sosa tirado a centro se vieron cómodos. Entregaron, otra vez,  el primer tiempo y perdían ante un equipo con menos recursos que ellos.

Recursos digo, porque entrega, y sobre todo, un mejor plan de juego no están en discusión. Chivas fue campeón por eso, porque Matías Almeyda sí estudió las pocas formas de hacerle daño al rival, apostó por el Chapo Sánchez, que tuvo dos partidos espectaculares marcando a Javier Aquino y Luis Advíncula.

El puesto de Tuca no está en riesgo, este semestre enfrentó dos torneos y en los dos llegó a la Final. Tiene el respaldo de una directiva que lo quiere ahí hasta que se canse de dirigir, pero en estos 180 minutos se vio superado en la estrategia. Almeyda  supo nulificar a un rival que parecía más confiado en sus propias virtudes que en Chivas. Que hoy se merece más que nadie estar en donde está. 

carlos.contreras@milenio.com

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