Así lo vivimos

Con 11 "Chacos" sería otra historia

Durante estos casi 20 años de sequía de títulos en Cruz Azul se ha encontrado a muchos culpables: técnicos, jugadores, promotores y directiva.

Lo cierto es que Cruz Azul no ha desistido en buscar a lo mejor del mercado. Luis Amaranto Perea, Jesús Corona, Martín Cauteruccio, Roque Santa Cruz, Gerardo Torrado y hasta Joffre Guerrón fueron los refuerzos más sonados en su momento y pintaban para dejar huella. Las condiciones no se dieron, los títulos de Liga no llegaron.

Christian Giménez también lo fue, llego siendo la figura del Pachuca más exitoso de su historia, pero no ha podido hacer campeón al equipo donde ha invertido sus mejores años.

Si alguien se ha roto la madre por este Cruz Azul es el Chaco, se ha tragado todos los fracasos, los insultos del público que lo culpaba, la banca de los técnicos que no le encontraban cabida en el 11 titular y sigue ahí, sudando la gota gorda.

El partido en contra de Tigres del sábado pasado será olvidado muy pronto, por más que Paco Jemez quiera endulzarlo estuvo muy lejos de lo que se espera de los dos planteles más completos de la Liga Mx,pero la carrera del Chaco no.

Giménez le quitó a André-Pierre Gignac, la máxima figura del futbol mexicano, una jugada de gol y todavía salió tocando. Ni el Rafael Márquez del Mónaco tenía ese despliegue y clase.

La tribuna se le entregó, no ganaron pero les regaló una anécdota. Les pagó el boleto.

Tuvo la humildad de reconocer que de no ser por qué el crack se detuvo no lo hubiera alcanzado, de cambiar esa ovación por tres puntos.

Siempre da la cara, hasta cuando sacó la frustración en contar de un seguidor que invadió la cancha en Morelia defendió los compites de este club que no siempre le ha regresado lo que se merece.

Está lejos de ser perfecto, ha fallado, pero nunca dejó de dar la cara. Nunca corrió de un  micrófono en las buenas ni en las malas.

Solo los compañeros saben lo que ha pasado en ese vestidor, quién ha mandado, cuántos entrenadores derrumbaron y cómo manejaron los fracasos, pero si una sola vez se hubieran contagiado durante seis de esas agallas que le pone el Chaco los pocos minutos que juega en la cancha, el escudo tendría al menos una estrella más. 

carlos.contreras@milenio.com

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