Así lo vivimos

Segundas partes

Es el viejo América.

Endeble, comete errores que cuestan goles, pero tiene el empuje para pelear el resultado al final. Si pierde, la culpa la tienen los árbitros, a veces hasta cuando gana también es momento de hablar de los de negro.

Así debe ser el América, que solo rompió la relación con Miguel Herrera porque el técnico se fue a dirigir a la selección mexicana en Brasil 2014, polémico, debe emocionar a sus seguidores e incomodar con sus éxitos al resto.

Hace apenas un mes las críticas porque el Piojo pasó el verano narrando en Univisión en lugar de enfocarse al cien por ciento a la pretemporada con su nuevo equipo y hoy son el segundo mejor equipo del torneo, no solo en la tabla general, es un conjunto que divierte y aunque sea con drama, está ganando.

Herrera no está inventando nada, no pretende ser el innovador en el pizarrón, mantiene la idea de jugar con los que están mejor, aunque eso implique sentar a Silvio Romero y poner arriba a los que se conocen desde hace años: Oribe Peralta y Darwin Quintero.

Como sucedió en la primera etapa, trajo a gente de su confianza y Guido Rodríguez era la pieza que necesitaba el medio campo. El motor de este nuevo América, que se parece mucho al de antes.

Fue a Tijuana con buenos resultados, pero el Azteca no dejó de suspirar por él, por esos festejos exagerados, por ese líder que pierde la compostura como si fuera uno más en la tribuna.

Mientras no agreda verbal o físicamente a nadie en los siguientes meses y mantenga esa motivación para su equipo, con el plantel que tiene, debe volver a pensar en el título, y en otra época de romance para el americanismo.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero en esta ocasión Herrera puede cambiar el desenlace.

carlos.contreras@milenio.com  
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