Así lo vimos

Dueñas tiene razón

El despojo de partido del jueves, en el que México empató sin goles ante Jamaica en la Copa Oro nos dejó el infame “no jugamos para darle gusto a la gente”, que enunció Jesús Dueñas. Minutos después de salir abucheados por 40 y tantos mil mexicanos sonó a calentura, pero la frase completa es muy cierta.

Lo primero es “darnos gusto personalmente como grupo y después en consecuencia viene la gente”. No puede ser más claro el jugador de Tigres, equipo que no se convence a sí mismo en la cancha no va a convencer en la tribuna.

Con la repercusión en los medios de comunicación, Dueñas tuvo que salir a ofrecer disculpas por una declaración honesta. No dijo que estaban contentos ni disfrutando el momento, su prioridad debe ser el entendimiento con los compañeros.

Así nació el culto de la última década al Barcelona, el mejor ejemplo de que un equipo donde todos saben a qué juegan y si lo hacen con gusto puede ser invencible.

Más de un seleccionado de esta convocatoria y los que estuvieron en la Copa Confederaciones ha comentado fuera de micrófonos su descontento por hacer funciones que no conocen y hasta enterarse unas horas antes de que van a jugar en posiciones donde no entrenaron en el trabajo previo.

Hablar de los 10 cambios y del pobre desempeño ante Curazao está de más. El 2-0 ante un equipo tan pobre en futbol, no puede tomarse como victoria.

Si el asunto de las rotaciones tiene alguna lógica, un mediocampista de la calidad de Dueñas deberá regresar a la cancha ante Honduras el jueves. El rival en turno no es un equipo semiprofesional, como el que los puso a padecer anoche, tienen cuatro días para convencerse como grupo, calificar a semifinales y, en el mejor de los casos, convencer también a otros 50 mil mexicanos que los irán a ver en Phoenix. 

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