Así lo vivimos

Difícil festejar el viernes

Puede que a muchos no les guste que la selección mexicana de futbol no tenga un once titular fijo, o laterales nominales y que los resultados del verano no fueran esperanzadores para que en este ciclo se cambie la historia, sin embargo, no hay manera de recriminarle a Juan Carlos Osorio los resultados en la eliminatoria de Concacaf.

Calificar con tanta anticipación representa muchas ventajas, desde asegurar los patrocinios y contratos por uso de imagen en las categorías que estén vacantes durante el año mundialista, hasta la logística, como poder ir estudiando las sedes y planear una gira de preparación que, en teoría, debe potenciar al equipo en lo deportivo.

En ese sentido es preferible conseguir el boleto así, pero resulta anticlimático, en una noche de viernes, ante un rival que genera poco en la tribuna como Panamá. A final de cuentas no es una de las enemistades más fuertes de la zona, como Estados Unidos, Honduras o Costa Rica, que ayudan a vender entradas.

Estamos a principios de septiembre, cuando las familias mexicanas todavía están pasando el golpe en el bolsillo que representa el regreso a clases y además, el pronóstico es de lluvia.

Todo eso resultaría irrelevante si el equipo de Osorio mantuviera una comunión con la tribuna, si la gente supiera a cuáles de sus ídolos podrá ver y en qué posición. Si creyeran que este gran paso ante los rivales de la zona puede significar algo ante los europeos o sudamericanos en la Copa del Mundo.

Los seguidores en la Ciudad de México son fieles, cuando el evento les interesa pagan lo que será por asistir y llenar el estadio Azteca, escenario poco probable a pesar de la posibilidad de celebrar lo que hace cuatro años costó cuatro técnicos, ayuda de los estadunidenses y un viaje de 18 horas hasta Wellington.

Con pocos retos en lo deportivo antes de Rusia, el trabajo de los siguientes 10 meses está en lograr esa conexión con la tribuna. 

carlos.contreras@milenio.com 
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