Así lo vivimos

Qué feo es tener que jugar bonito

Estaba en Barcelona ese 27 de abril del 2012, me desvelé viendo los programas de debate donde se anticipaba la despedida. Pep Guardiola dejaría el banquillo luego de las tres temporadas más prolíficas en la historia del club que lo vio crecer.

Todavía tengo guardada la edición del diario Sport, que publicó una portada para enmarcar “PEP SE VA ¿DÓNDE ESTARÁS MEJOR QUE EN EL BARÇA?”. No había pregunta más legítima, no estuvo mejor en el Bayern Múnich ni ganando una Champions con el Manchester City será tan dulce.

Esa semana Guardiola aparecía desencajado ante la prensa, apretaba los dientes y todo empeoró con las dos derrotas en Camp Nou, primero en el clásico 1-2 ante el Real Madrid y tres días después, cuando el Chelsea los dejó fuera de la final de la Champions League. Tenía el mejor trabajo del mundo, estaba en casa, adorado por sus jugadores y los seguidores del club, sin embargo, estaba desgastado, harto de tener que cumplir con esa expectativa tan alta.

El “Guardiolismo” enamoró al mundo desde el 2009, para sus creyentes todo lo que no sea jugar como el Barcelona es un atentado contra el buen futbol y ya cobró otra víctima.

Luis Enrique siempre fue hosco y hasta grosero en las interacciones con reporteros, pero esta semana también reventó, justo cuando están más vivos que nunca en La Liga. No puede más, necesita exiliarse igual que Pep.

Otro de casa, otro amado desde que defendía la camiseta en la cancha, otro que ganó el triplete en su primer año y tuvo que lidiar con su propio éxito. Los de afuera no entienden cómo cambia el estilo del Barcelona sin Xavi, ni de cargas de trabajo, ni de agotamiento por viaje. Los blaugranas tienen que ganar siempre, dominar la posesión, golear y ligar 27 pases antes de cada disparo a puerta.

Salir a jugar bonito cada tercer día es mucho más agotador que salir solo a buscar un resultado, si bien yo prefiero un futbol más práctico, no se puede negar que el Barcelona es único y hoy no puede perder 0-4 en la Champions sin generar un colapso.

El asturiano no nació ahí, es más, hasta fue merengue, pero se va igual que el catalán. Ofertas le van a sobrar, nunca vivirá presión ni escrutinio como el de ahora, pero en ningún lugar va a estar mejor que en el Barça. 

carlos.contreras@milenio.com • twitter@CCLegaspi