Así lo vivimos

El fanático y el aficionado

Es cierto, Pumas ha sido una desgracia durante todo el 2017, ver a un equipo como el Club Universidad peleando el sótano y pensando en los puestos de descenso tiene indignados a todos sus aficionados.

Muchos de ellos les han dado la espalda, las entradas lo muestran, esa es la forma en la que se le puede responder a una directiva, a un cuerpo técnico y a un grupo de jugadores que no está entregando los resultados esperados. Se deja de asistir al estadio, no se compra la camiseta del torneo ni se siguen los partidos en la televisión.

Los enajenados, los fanáticos piensan que son dueños de un club, no solo de Pumas, como si fuera una religión o una empresa pública, que se sostiene de los impuestos de todos y que se entregan de forma obligatoria, no voluntaria. Pumas es una empresa que vende entretenimiento, si no te gusta, no pagas por él y ya.

Un grupo de los segundos encaró a tres jugadores de Pumas, David Cabrera, Josecarlos Van Rankin y Jesús Gallardo para decirles básicamente que son unos “pendejos”, con argumentos como el dinero que se gastan en seguirlos por todos los estadios del futbol mexicano y que ellos van a seguir ahí cuando ellos se vayan.

Estos tres canteranos mostraron temple y prudencia, no se alteraron ante la serie de reclamos —muchos justificados—, e insultos que fueron subiendo de tono y terminaron en advertencias que parecen, más bien, amenazas.

Estamos en el límite de la violencia verbal y la física.

Estos fanáticos, más allá del pésimo desempeño en cancha, están convencidos de que Gerardo Alcoba no puede ir a comer a un restaurante con sus colegas del América y que Nicolás Castillo no debe seguir alentando a la Católica en redes sociales.

El mensaje es muy peligroso, cualquiera se puede meter con la vida privada de los futbolistas y agredirlos verbalmente y publicarlo en redes sociales como trofeo para los integrantes de la barra. No debe repetirse.

carlos.contreras@milenio.com • twitter@CCLegaspi