Así lo vivimos

Un domingo cualquiera

Te levantas como todos los días de juego. Tu cuarto, esta vez en un resort de 200 millones de dólares, en medio del desierto es el último refugio antes de la tormenta.

Este año, ya pasaste por una concentración similar, en San Diego para dos de los partidos más importantes de la campaña regular, pero nada de eso se parece a lo sucedido en los último 15 días.

Es hora de bloquear el recuerdo de hace siete años, disfrazas la enorme decepción con el consuelo del único 16-0, con un equipo inolvidable, aun sin un anillo que lo haga legítimo.

Todo ha sido tensión desde el último partido, el festejo de la aplastante victoria se apagó cuando cuestionaron tu integridad, cuando por primera vez desde el 2002 no eres el héroe que tiene a todos a sus pies, otra vez eres puesto a prueba, cuestionado.

A pesar de la gripe, que te hizo ver desmejorado enfrentaste todas las preguntas, hablaste de los rivales y sus virtudes, de tus recuerdos de años pasados, de la frustración de la semana cuatro, de medio centenar de cosas irrelevantes, de tu entorno, de empatar a los que han ganado cuatro veces.

No perdiste la clase, respondiste con respeto a todos los que te han provocado, demostraste, una vez más, que dar una (o siete) conferencias de prensa nunca mató a nadie, ni te desconcentró de hacer tu trabajo.

El miércoles por la mañana dijiste que este partido era diferente hasta la patada inicial, donde se convierte en uno más, donde cada jugada tiene que pensarse bien, son las últimas 60 o 70 que comandarás en esta temporada.

Al final de este domingo tu esposa súper modelo estará en casa, seguirás siendo uno de los atletas mejor pagados en el mundo y de los más respetados en la historia.

Pero sabes que este no es un domingo cualquiera, por más que sea el sexto, es el más importante de tu vida.  

 

carlos.contreras@milenio.com

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