Así lo vivimos

Darío Verón

Nunca fue el alma de la fiesta, pocas veces se le veía sonreír en las fotos. Hasta cuando levantó los trofeos fue hosco y reservado con la prensa.

Pero para ser un líder en la cancha no hace falta ser el más simpático, ni el más popular. Darío Verón es el último emblema del bicampeonato de Pumas, el momento más alto del club en los últimos 25 años. El paraguayo se adaptó e hizo jugar mejor a muchos compañeros en la defensa central del Club Universidad.

Su comunión con la tribuna es imposible de esconder, al Capitán se le perdonaron hasta los malos momentos y torneos medianos, que los tuvo en estos 14 años, junto con los muy buenos, que fueron muchos más.

Terminar penúltimo en la Liga, luego de mantenerse con posibilidad de Liguilla durante la mayoría del torneo iba a traer consecuencias. Chivos expiatorios para justificar una debacle de esta naturaleza y lo más sencillo era empezar por los que ya no daban.

Verón y Alejandro Palacios están muy lejos de su plenitud deportiva, y ya no va a regresar. Sergio Egea citaba la responsabilidad que tenían como administración para conformar al plantel del Apertura 2017, de darle lugar a jóvenes canteranos. En ese sentido tienen la razón, la expulsión al cierre del torneo marcó un año en el que el comentario más común era “Verón es lento”, a los 37 años ya no estaba al ritmo de un equipo que depende de la dinámica. Palacios pasó de ser seleccionado nacional a ver los encuentros desde la banca en cuestión de meses.

Verón merecía una conferencia de prensa, si existían diferencias en el vestidor o con el técnico debían quedar en lo privado, no ventilarse en una salida poco decorosa. Sin demeritar a Egea, era necesaria una autoridad mayor que le brindara el escenario para que pudiera dar un mensaje a su afición antes de salir a buscar un club donde pueda enfilarse al retiro. 

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