Así lo vimos

La culpa es de Mourinho y de "Pep"

Cuando el Chelsea gana el sonido local de Stamford Bridge toca la canción “One Step Beyond” de Madness y todo el estadio baila ska para celebrar. Ayer el club londinense quedó eliminado de la Champions League de una forma tan dolorosa como la del Bayern Múnich e irónicamente es tiempo de “dar un pasó más allá”.

Durante casi tres años el mundo se frotaba las manos por ver una final entre Real Madrid y Barcelona, que prometía ver a los dos directores técnicos más laureados, y opuestos, enfrentarse en el máximo escenario del futbol mundial.

La cobertura mediática de ese choque en Copas del Rey, la Liga e instancias preliminares nubló la vista de los aficionados que prácticamente no se percataron de que el Chelsea y el Bayern Múnich se coronaron sin tener a esos genios en la banca.

En estas semifinales, Guardiola y Mourinho dejaron ir la posibilidad de otro duelo, de otra muestra de cómo la exquisitez del toque de balón se enfrentaba a la potencia del contragolpe y al desgaste del juego ordenado atrás.

No veremos nada de eso en la final de Lisboa, Guardiola fue humillado por el Real Madrid ante la impotencia de no poder hacer nada, de jugar con un centro delantero cuando va en contra de sus principios, de tener una banca llena de estrellas, pero sin la posibilidad de traer un revulsivo que abriera a los merengues.

Mourinho cedió ante un enemigo que normalmente no lo traiciona, el tiempo, su equipo no logró aguantar la ventaja ni seis minutos, no pudieron meterse en la cabeza del rival para desesperarlo. Terminaron desesperados.

Es imposible pensar que dos proyectos tan grandes no volverán a rendir frutos, pero por ahora es momento de dar ese paso adelante y disfrutar del Real Madrid y el Atlético en la final, dos equipos que se olvidan de los absolutos y saben adaptarse a las condiciones de su rival.  

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