Así lo vivimos

Round 2

Dijo Canelo en mayo de 2016: “Hay que dejarnos de mamadas”, y arrancó el pleito más grande de esta semana. Y no es el de Saúl Álvarez en contra de Julio César Chávez Jr., sino el que está librando con el Consejo Mundial de Boxeo.

El de Guadalajara prefirió dejar vacante el cinturón medio, que un día fue el de Julio, para pactar en sus propios tiempos el combate con Genaddy Golovkin, para mandar en la negociación y hacerlo cuando su promotor se sintiera listo. Unos dirán que esas sí son “mamadas”, que está corriendo a Triple G y que en el camino se encontró a un rival que pintaba muy sencillo con una bolsa todavía mayor que la del kazajo.

Un año después no ha podido pactar el enfrentamiento que todos los fans quieren ver y el que se supone provocó el rompimiento con el organismo, para poderla firmar a la brevedad.

En los últimos días hizo público que además de darse el lujo de ceder el cinturón que le ganó a Miguel Cotto, desdeña la pieza producida para esta ocasión especial, manufacturada por artesanos huicholes.

Tiene razones claras, no se trata de la artesanía o el valor. No quiere saber nada del CMB, no pretende estrechar la mano de Mauricio Sulaimán si gana la noche del sábado, y hoy tiene la sartén por el mango.

Sacará la mejor parte de una jugosa pelea y también tiene amarrado a Golovkin en espera de la bolsa más grande de su carrera. Si en México hay quienes todavía dudan de él, no es así en Estados Unidos, aquí en Las Vegas es un ídolo que solo ha perdido con Floyd Mayweather.

Los cinturones le importan poco en la actualidad y a sus 26 años tiene un largo camino por delante, pero aventarse dos tiros al mismo tiempo puede ser contraproducente. La derrota resultará mucho más dolorosa y podría amanecer el domingo añorando uno de esos títulos que se le olvida, lo convirtieron en la estrella que hoy es. 

carlos.contreras@milenio.com

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