Así lo vimos

Nada positivo en el adiós de Peláez

Nací en 1981, recuerdo vagamente al América de los ochenta. Aprendí a sufrir con la sequía de los noventa, los aislados títulos en el 2002 y el 2005 y no recuerdo una gestión como la de Ricardo Peláez. Exitosa, con el equipo en el lugar que le corresponde.

Las Liguillas, las finales y los títulos volvieron a ser costumbre para el único de los cuatro grandes que en realidad ha sido protagonista en los últimos cinco años.

Además, se vivieron las primeras ventas a Europa con réditos para el equipo. Diego Reyes y Raúl Jiménez abrieron la puerta, pues no Germán Villa, Cuauhtémoc Blanco ni Guillermo Ochoa se fueron en compra, solo préstamo, pero eso no alcanzó.

La presión en Coapa es demasiada, los aficionados le achacan a Ricardo hasta las responsabilidades operativas que le corresponden a Pepe Romano desde que llegó a medio proceso, cuando se fue con Miguel Herrera a buscar la calificación al Mundial.

Peláez se rompe en las entrevistas cuando habla del tema, le ganan las lágrimas porque quiere dejar la puerta abierta, pero nadie que vive un estado de gracia como el que describe se baja del barco. Había presión, sabía que venían decisiones que le iban a obstaculizar. Que en una de esas lo acaban corriendo y no se iba a quedar a esperar esa circunstancia.

En las altas esferas le aceptaron la renuncia, porque el patrón también puede negarse a recibirla, mejorar las condiciones para retener a la pieza clave, pero no fue así.

El próximo semestre sabremos si basta con Herrera para mantener la fórmula del éxito, si el Piojo ya entendió que no puede engancharse con los periodistas ni retar a golpes al primer aficionado que le miente la madre.

Se acabó el romance y no va a regresar pronto.

carlos.contreras@milenio.com • twitter@CCLegaspi