Así lo vivimos

La prisión de Paola Pliego

En abril de 2014 cité a Bob Dylan en este espacio, hablando sobre la historia de Rubin Carter, boxeador al que le robaron más de 20 años de libertad y su carrera profesional, misma que el premio Nobel de Literatura retrata en su canción de 1975 "Hurricane".

A Carter, la justicia estadunidense no pudo ofrecerle nada más que un "usted disculpe", sin duda sus metas como boxeador se vieron rotas, llevó hasta el día de su fallecimiento la idea de lo que pudo ser.

Los "usted disculpe" no bastan, el tiempo no se puede regresar y menos para atletas que pasan una vida entera persiguiendo una meta fugaz, como lo es participar en unos Juegos Olímpicos.

Paola Pliego llegó ayer a México para confirmar el error que la dejó fuera de Río 2016, comentar sobre la nueva prueba, realizada por mandato de la Federación Internacional de Esgrima, donde el modafinil que derivó en su suspensión no estaba presente. Los resultados no fueron adversos, como sí sucedió en el laboratorio de Conade, mismo que esperaba el aval por parte de WADA desde el año pasado, junto a otros como el de Brasil, España, Francia, Bélgica y Grecia por irregularidades que no fueron reveladas.

Si Paola podía llegar a un podio olímpico ya no es tema de discusión, la privaron de la posibilidad injustamente, con los tiempos medidos para que no pudiera representar a México en el verano, sus lágrimas días antes de la inauguración resultaron honestas.

No fue a la cárcel, pero esta parece una conspiración con más de un involucrado, pues en los protocolos de dopaje las muestras nunca llevan nombres, los laboratorios WADA analizan números y códigos de barras antes de devolverlos a las federaciones u organismos que solicitaron el examen.

Los cientos de millones de pesos que nos costó a todos los mexicanos ese laboratorio están en juego.

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