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El ‘MVP’ que no es estrella

El viaje de Gran Canaria a Barcelona era agridulce, la selección mexicana de basquetbol había conseguido el objetivo de superar la fase de grupos del Mundial de España, pero había sido imposible evitar a Estados Unidos en la primera instancia de eliminación inmediata. Una espera de 40 años y había tan pocas posibilidades de rescatar algo. Este equipo estadunidense no tenía a LeBron James, tampoco a Carmelo Anthony ni a Dwight Howard, vaya, ni Kevin Love se tomó la molestia de regresar al equipo nacional para buscar otro título mundial.

México tuvo un arranque titubeante en el Palau Sant Jordi, pintaba a paliza histórica, incluso Gustavo Ayón tuvo que llamar al equipo y pedirles concentración. Que se sacudieran los nervios. La selección de Valdeolmillos pudo tener alguna oportunidad, si esa tarde no hubiera estado Stephen Curry del otro lado. Convirtió seis triples ante México, no solo significaron los puntos, sino que siempre lo hizo para congelar al rival, a cada intento de reacción del oponente. Fue una victoria cómoda. Ese día me convencí de que Curry era algo especial, tal vez, el mejor tirador desde la línea de tres de todos los tiempos. Ya tenía los números para superar a los mejores que me había tocado ver, incluidos Larry Bird, Peja Stojakovic, Mark Price, Robert Horry o Drazen Petrovic. Después de verlo jugar junto a Klay Thompson también me quedó claro que nadie podría pararlos en el Oeste, ni Oklahoma sin lesiones. Nadie meses más tarde fue capaz de eclipsarlo, porque es cierto, LeBron es el mejor jugador del mundo y tuvo el mejor performance individual que veremos en las Finales, pero no alcanzó.

Curry le dio, hace un par de temporadas, vida a una franquicia apestada, acostumbrada a dejar ir el talento, siempre lejos de los playoffs. Entre todas las cosas buenas que me dejó ese Mundial de Basquetbol, fue ver a ese equipo de Estados Unidos sin estrellas, pero con Curry. 

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