Así lo vivimos

Lewis Hamilton, el patrón

Nadie llega a la Fórmula 1 para tratar de hacer amigos. Dentro del deporte motor, a pesar de que algunos pilotos corren con los mismos colores, trabajan con los mismos ingenieros y les paga la misma escudería, difícilmente pueden considerarse compañeros.

Lewis Hamilton ha sido campeón del mundo en tres ocasiones y desde su año debut se ha acostumbrado a ser el chico malo, primero entabló una guerra carrera tras carrera con Fernando Alonso, que derivó en la salida de McLaren del que en ese entonces era tratado como el Rey de la Fórmula 1. Los medios españoles apoyaron de manera lógica a su bicampeón mundial que veía cómo un niño recién salido del GP2 venía a desplazarlo y mandarlo de vuelta a Renault.

Se fue de malas de McLaren en 2012, el equipo que lo protegió desde que era un adolescente y desde que llegó a su actual escudería se ha convertido en la pesadilla de Nico Rosberg, el otro piloto de Mercedes que no ha podido capitalizar la enorme ventaja de su monoplaza sobre los demás con un campeonato mundial; mientras que Hamilton ya alcanzó a Jackie Stewart como los máximos ganadores británicos del Gran Circo.

Yo crecí viendo las carreras cada fin de semana, discutiendo con amigos y primos sobre quién era mejor, Michael Schumacher o Mika Häkkinen, Schumi o Alonso, Vettel o Hamilton. Pocos recuerdan a Rubens Barrichello, David Coulthard o Felipe Massa, que a pesar de que ganaron carreras y sumaron centenares de puntos nunca pudieron quitarse la etiqueta de segundos pilotos.

Schumacher también era una pesadilla en la pista, pregúntenle a Jacques Villeneuve o Juan Pablo Montoya que lo sufrieron y no se callaron cuando resultaron afectados por su manejo agresivo dentro del asfalto. El alemán también se excedió y hasta fue descalificado en 1997 por la disputa con Villeneuve, que se salió de control.

No se trata de poner en riesgo la vida de los oponentes, pero en el deporte motor hay que pisar callos y cada quien ve por su propia causa. Lewis Hamilton lo sabe, además lo disfruta y ya es un histórico.

Por eso es el patrón de la Fórmula 1.


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