Así lo vivimos

Lejos del más grande

Estaba sentado a unos metros de mí; dentro toda esa atmósfera tensa, él tenía una sonrisa de oreja a oreja.

En medio de los empujones entre centenares de camarógrafos y fotógrafos, reporteros quejándose por la falta de espacio, promotores asegurando que son los mejores del negocio, televisoras disputando el dinero del Pago Por Evento y dos peleadores que nunca lo reconocerán en público, pero saben que una derrota el sábado puede cambiar todo lo que han logrado en su carrera; estaba ahí, con su notorio tatuaje en el rostro.

Mike Tyson gritó: “Mauriciooooo”, cuando apareció el presidente del CMB con el cinturón Esmeralda en la conferencia de prensa final, soltó una carcajada cuando Bob Arum hizo un modesto elogio al equipo de Floyd Mayweather y se divirtió como niño en la feria cada vez que se mencionaban las palabras “pelea del siglo” y “el más grande de la historia”.

A diferencia de Floyd, Tyson perdió seis combates, sus problemas legales como peleador activo fueron peores y dentro del cuadrilátero mucha gente recuerda más la mordida en la oreja de Evander Holyfield que cualquiera de sus nocauts. Sin embargo, el mito de Tyson es mucho más grande que el de Money.

Sin duda nunca se ha movido tanto dinero en una pelea de boxeo, nunca los aficionados esperaron cinco años para ver una pelea y nunca hubo tanta atención para un solo combate, pero ni Floyd ni Manny van a convencer al mundo de ser el mejor de la historia con una victoria por decisión.

Muhammad Ali, Tyson, Joe Lewis, Sugar Ray Robinson, Roberto Durán y Julio César Chávez estarán antes en la memoria de los aficionados porque son los poderos nocauts los que hacen a los ídolos y las victorias dramáticas las que construyen a las leyendas.

Mayweather y PacMan van a llenar sus bolsillos y los de mucha gente, eso está asegurado, pero tendrían que arriesgarse a dar la mejor pelea de sus vidas para poder decir que son mejores que Ali, Tyson y algunos otros. 

carlos.contreras@milenio.com

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