Así lo vivimos

Jugaron con nuestras emociones

Escribía la semana pasada sobre el estado de alerta en el que juega la selección nacional bajo el mando de Juan Carlos Osorio, cuando nadie tiene la certeza de ser titular, cuando para tener minutos debe adaptarse a una posición que no es la suya, es normal que todos salgan a entregarse, el técnico nacional juega con sus emociones.

Es como cuando te expulsan a uno o a dos y no hay cambios, tienes que adaptarte, correr el doble, matarte en cada jugada, porque sabes que hay mucho en riesgo. El estilo fue efectivo, mientras duró. No es difícil de explicar, México se convirtió en ese equipo de las gestas, que a pesar de ser dominado, venció en un partido amistoso a Chile, que se vio superado con 10 y sin embargo supo derrotar de forma convincente a Uruguay.

Pero la fórmula se gasta, ese equipo que se acostumbra a jugar con dos menos termina por ser goleado, porque improvisar suele pasar factura en la mayoría de los casos. El 7-0 no parece bastar para dar un giro drástico en el proyecto, de hecho, la mayoría de los directivos y dueños que han hablado muestran su respaldo. Solo otros técnicos y millones de aficionados piden la renuncia del colombiano.

Tiene razón Decio de María, los medios de comunicación que hicieron guardia afuera de su casa la tarde del miércoles invadieron su privacidad, pero pudo evitarse con palabras claras desde la noche del sábado, convocando a una rueda de prensa posterior a la reunión de manera formal y no en una declaración banquetera.

La Federación tiene una enorme estructura y experiencia para manejar esos casos, ratificaciones y cambios de técnicos, son temas de cada seis meses. México pasó en 90 minutos de ser candidato a ganar su primera Copa América a la burla de todo el continente y ratificar al técnico puede ser lo más lógico, pero darle continuidad a un proyecto que cambia cada partido puede ser costoso, pues tendremos que esperar un año, hasta la Copa Confederaciones de Rusia, para verlos con una prueba de la importancia de la del sábado, donde se hizo el ridículo. 

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