Así lo vivimos

Futbol, ese malagradecido deporte

Hace algunos años, mi buen amigo José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo me dijo antes de mi primera visita al Camp Nou: “Hoy vas a ver como toda la cancha se mueve hacia donde va la cintura de Xavi”. Era cierto, el 6 del Barcelona dirigía al equipo con piques cortos, trazos laterales y recuperando en el medio campo. A mí nunca me gustó ese estilo, ni entendí porqué había que tocar el balón 20 veces antes de disparar a puerta, pero hay que ser muy necio para negar que ese equipo es el más exitoso de todos los tiempos y que el mundo se enamoró de ese Barça, que hoy luce de nuevo como el mejor de Europa.

Xavi se lleva las sentidas lágrimas de su gran aliado, Andrés Iniesta; en el camino dejó atrás el corazón de Puyol y la genialidad de Lionel Messi. El argentino se quedó con los cuatro Balones de Oro de la era más dulce, ni los técnicos, capitanes o periodistas se atrevieron a darle uno al modelo de mediocampista culé, al verdadero culpable de todo.

Hoy que está de moda hacer prosa del futbol, es incomprensible que nadie pueda destacar a los que hacen el trabajo sucio, a los que pasan por la labor de parto para coronar en un tanto, que en automático solo escupan los nombres de Messi y Ronaldo. Xavi se va el sábado, deja el molde para el futuro, no necesita estatuas ni Balones de Oro, sabe que en este deporte todos somos malagradecidos.

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