Así lo vivimos

¡Feliz cumpleaños, Roger!

Hace 12 años leí por primera vez una escueta biografía de Roger Federer. Ya pintaba para ser una leyenda.

Me di cuenta que había nacido dos días después que yo, el 8 de agosto de 1981. Algo estaba comiendo y casi se me atora en la garganta. Era el número uno del mundo mientras que yo apenas había publicado algunos textos.

Se convirtió, desde entonces, en una motivación. Más que una figura a seguir, una razón para poder explotar todo mi potencial en las actividades de mi vida. Decir que cumplí el objetivo sería mentir, me falta mucho camino por recorrer y aquel que se atreva a decir que es el Roger Federer del periodismo deportivo estará mintiendo, pocos seres humanos alcanzan ese nivel, en cualquier actividad.

En Beijing cubrí mis primeros Juegos Olímpicos, arrancaron justo el día de su cumpleaños y ahí mismo perdió el número uno del mundo ante Rafael Nadal, que se quedó el oro en singles. Federer tuvo que conformarse con jugar el dobles junto a Stanislas Wawrinka. En un estadio medio vacío, con muchos menos reporteros de los que se esperaría, ambos lloraron durante el festejo y toda la premiación tras la final.

El hombre que lo había ganado todo estaba feliz como un niño de tener un oro, aunque fueran los menospreciados dobles. Aprendí entonces lo que significaba ser campeón olímpico, va mucho más allá del dinero y la atención mediática que a él ya le sobraba.

Llegué a Londres esperando ver eso de nuevo, tal vez con el oro de singles, pero tuvo una final irreconocible ante Andy Murray en Wembley y el regalo de cumpleaños fue de plata. Al menos pude hacerle un par de preguntas tras muchas horas de espera de conferencias de prensa.

Federer no va a Río, la medalla de singles ya no llegará en su carrera y debo reconocer que me hubiera gustado verlo cerrar el ciclo.

No soy tenista y me falta mucho para ser el número uno en algo, pero gracias por la inspiración y ¡feliz cumpleaños!

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