Así lo vivimos

Feliz cumpleaños Dan Marino

El lunes pasado, el ex quarterback de los Delfines de Miami, Dan Marino, cumplió 53 años. Nunca ganó el Super Bowl, pero no hay un solo fanático a la NFL que no sepa quién es.

El pasador era un imán de marcas, su imagen servía para vender ropa deportiva, cervezas, sombrillas, guantes, suplementos alimenticios y todo lo que se nos ocurriera.

Dan es padre de un hijo autista y dirige una fundación para su tratamiento en menores. Fue capaz de burlarse de sí mismo en películas como Ace Ventura y Little Nicky, donde le pide a Satanás (interpretado por Harvey Keitel), otra oportunidad y argumenta: “Vamos, lo hiciste por (Joe) Namath”.

Su imagen era tan limpia que le costó millones de dólares ocultar a su hija Chloe, misma que tuvo fuera del matrimonio y podía afectar sus contratos.

Hoy la NFL necesita más Dan Marinos.

Claro que están las historias ejemplares como las del protector del “Lado Ciego” Michael Oher, los Peyton Manning, Drew Brees y Tom Brady de la Liga que protagonizan los anuncios, pero las sanciones reales llegaron demasiado tarde.

Más de 730 arrestos en los últimos 15 años hablan de la Liga profesional con peores problemas de conducta y no solo se trata de posesión de drogas, manejar bajo la influencia del alcohol o violencia doméstica. Lo de Ray Rice golpeando a su novia o Adrian Peterson educando a su hijo como si estuviéramos en el siglo XIX se queda muy corto cuando Jovan Belcher asesinó a su novia para luego suicidarse enfrente de las instalaciones de su equipo o Chris Henry cayendo de una camioneta que manejaba su pareja en medio de una disputa. En ambos casos se sospecha de la presencia de la encefalopatía traumática crónica provocada por los constantes impactos en la cabeza.

¿Pueden esos golpes ser los culpables de la conducta?

Peterson podría terminar su carrera siendo considerado el mejor corredor de todos los tiempos y Rice es un jugador titular en cualquier equipo, pero hoy serán el chivo expiatorio para evitar la desbandada de patrocinadores y afectar el negocio de miles de millones de dólares que representa la NFL pero, ¿cuándo serán castigados los directivos que dejaron que la bola de nieve fuera creciendo?

Marino asegura que solo sufrió dos contusiones cerebrales jugando en la NFL, pero muy pocos tienen tanta suerte.

carlos.contreras@milenio.com

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