Así lo vivimos

F1, promoción real

La primera vez que pisé un paddock de Fórmula 1 fue en el 2006, en el Gran Premio de Italia, donde Michael Schumacher anunció su primer retiro. Ver las condiciones de la pista, las tribunas llenas, los pits, los tráileres de los equipos, el Hospitality de tres pisos del equipo Red Bull y todo el glamour que envuelve al máximo circuito me hizo pensar, “estamos a décadas de esto”.

En aquel momento, Salvador Durán era la máxima promesa para ocupar un asiento en el futuro, Sergio Pérez todavía no estaba en la Fórmula 3 Británica y Esteban Gutiérrez tenía 14 años, sin subirse todavía al auto de la Fórmula BMW en Estados Unidos.

Ocho años después, gobierno e iniciativa privada acercaron a la Ciudad de México a esa realidad.

Monza no existiría en el mapa de no ser por la Fórmula Uno, tampoco la pequeña aldea de Silverstone, Sao Paulo, una ciudad que se jacta de celebrar un evento cada seis minutos cuenta con el Gran Premio como el impulsor de más visitas a la ciudad, ya que hasta hoy, es la única ciudad latinoamericana con una carrera.

Suenan exorbitantes los 72 millones de dólares que los gobiernos e IP invertirán al año y también una aspiración muy alta los dos mil millones en retorno por las visitas a la Ciudad de México, sin embargo, basta con haber asistido a una de las carreras en el circuito de Las Américas para darse cuenta del potencial del evento en el DF.

Decenas de miles de aficionados cruzan la frontera desde México, no solo de los estados del norte para ver la Fórmula 1, desde su creación fue mucho más el Gran Premio de los mexicanos, que del público estadunidense, que prefiere a la NASCAR con cerca de 75 millones de fanáticos en su territorio.

No hay todavía una fecha definida y los aficionados ya están buscando el precio de los boletos, ya hacen cuentas para viajar al DF, así pasará con fanáticos de Argentina, Venezuela, Colombia, todo Centro y Sudámerica.

carlos.contreras@milenio.com

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