Así lo vivimos

Diario panamericano. Día 6: Voy a extrañarte, Juan

En mi casa nadie practicaba ningún deporte. Pero pasé mi niñez en los estadios, junto a mí papá y siempre junto a mi padrino, Juan López Chapa.

Entre semana, al parque del Seguro a ver a Diablos, a jugar la quiniela, a comer tacos de cochina. Los fines de semana, desde el viernes, no importaba si era el América, el Necaxa, el Cruz Azul o hasta el Atlante, siempre estábamos en el Azteca.

A veces unos se agregaban, a veces los otros, pero nosotros nunca faltábamos.

En las tardes pasaba a la oficina a robarme La Afición, el Esto o la sección de deportes  de El Universal, que eran los que siempre estaban en el escritorio. Juan decía: “Cuando seas grande deberías ser cronista deportivo, así como Toño de Valdés”.

Hace 11 años que publiqué mi primera nota en un diario deportivo y aunque Juan hubiera querido que fuera reportero en su Cruz Azul, siempre me preguntaba con orgullo por los viajes, por las coberturas, por las entrevistas.

La noche del miércoles, mamá me envió un mensaje que decía, “tu padrino ya se fue”. Me invadió la impotencia de estar tan lejos, en Toronto, de no entender qué pasó en las últimas horas; de no poder hacer nada.

Mamá también dijo “a él le encantaba que trabajaras en lo que estás” y no me queda más. Hoy fue un día normal, de hacer entrevistas, tomar fotos, escribir notas y mandar reportes de televisión, hacer mi trabajo lo mejor que puedo hacerlo.

No me quedaron pendientes Juan, te tuve en mi mesa la última Navidad, te felicité en tu último cumpleaños, los últimos viajes que hicimos juntos en carretera hablamos horas y horas, de futbol, de la Champions, del Atlético Español, de Borja, de Superman Marín, de Fernando Valenzuela y de todas esas cosas que no vi.

No me faltó nada por decirte, ni una sola historia por escuchar, pero igual voy a extrañarte mucho. 

 

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