Así lo vimos

Cocaína

Betsy Andreu es “la perra loca” que Lance Armstrong atacó durante años. Su pecado fue asegurar que el considerado más grande ciclista de todos los tiempos había reconocido ante los médicos el uso de EPO.

Su esposo Frankie fue compañero y amigo cercano de Lance, sus testimonios fueron la primera de muchas voces que terminaron por acabar con su mito, Lance era, como la mayoría de los ciclistas de élite de la época, un consumidor de sustancias ilegales y transfusiones sanguíneas prohibidas por las agencias antidopaje.

Pero en el doping no hay solo culpables e inocentes.

¿Cuántos atletas profesionales consumen mariguana o cocaína? ¿Cuántos jugadores de la MLB, NFL o NBA son detenidos anualmente por posesión o consumo?

El martes se reveló el positivo de Jon Jones por benzoilmetilecgonina, el compuesto de la cocaína en un positivo el 4 de diciembre de 2014, un mes antes de su combate ante Daniel Cormier en un control aleatorio. No habrá castigo pues dio negativo el día de la pelea.

Quienes estuvimos cerca del equipo de Jones en los últimos dos años escuchamos los rumores, de los largos viajes a Rusia, de las fiestas y el consumo de drogas. Como llegan de muchos atletas, en un caso que se complica cada vez más, a medida que algunas de estas drogas de consumo social, como la mariguana se vuelven legales en países como Uruguay o Estados Unidos, generando una tendencia.

Jones no fue mejor que Cormier por consumir cocaína, fue mejor porque lo neutralizó en sus mejores características, porque lo golpeó más, por que conectó más fuerte. Porque humilló al luchador con derribos de dos piernas.

Ayer Dana White, presidente del UFC, aseguró que se preocupaba “por la persona” en Jon Jones y lo apoyarían en su rehabilitación. ¿Están protegiendo a su estrella? ¿Cambian las reglas por ser Jon Jones y no cualquier peleador fuera del Top 10?

Jon Jones es un adicto en recuperación, pero también el mejor libra por libra del mundo y en el caso del consumo de cocaína es víctima. No hay razón por la que castigarlo, a menos que una “perra loca”, como diría Armstrong, pueda demostrar que consumió sustancias que lo hicieron mejor dentro del octágono.

carlos.contreras@milenio.com

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