Así lo vimos

Brady, entre Trump y su propio legado

Una victoria el 5 de febrero puede terminar con las discusiones. Tom Brady estará solo en la cima con cinco anillos de Super Bowl.

Pero no es el Brady de siempre, el que salió a dar la cara en medio de las acusaciones por los balones desinflados, el que en las dolorosas derrotas ante los Gigantes se mantuvo congruente. Es un Brady que se aleja del estrado y se niega a responder preguntas sobre su "amigo" Donald Trump.

Cambió las fotos de sus hijos y los mensajes de su padre por una gorra roja con la leyenda "Make America Great Again" en el casillero.

Esta semana, declaró en su intervención semanal en radio, que no entiende porqué la gente hace tanta alharaca de la relación con el ahora presidente, pero está claro que lo que lo sabe, que hoy su "amigo" está polarizando a su país, dividiendo al mundo entero con un discurso anti-inmigrantes.

Esa idea de cerrar las fronteras no aplica para las súper modelos como Giselle o Melania y forma parte de las muchas contradicciones en las que ha caído el hombre que probablemente esté en una de las suites del estadio en Houston para apoyar a los Patriotas.

El apoyo de un multimillonario como Trump es difícil de rechazar, además de Tom, el dueño de los Patriotas, Robert Kraft y Dana White, presidente del UFC, fueron algunas de las figuras influyentes en el deporte que respaldaron al polémico candidato. Como para darle la razón al despectivo cierre del discurso de Meryl Streep, el futbol y las artes marciales mixtas están de su lado.

Brady es experto en manejar los momentos de mayor presión, pero tiene la prueba más grande de su carrera la próxima semana. Primero tendrá que manejar preguntas sobre Trump durante los cinco días de atención a la prensa y no podrá correr como lo hizo en octubre pasado. Luego concentrarse en los 60 minutos de juego que marcarán la diferencia entre ser un grande o el mejor de todos los tiempos.

carlos.contreras@milenio.com
twitter@CCLegaspi