Juego limpio

Ser o tener amigos así… no tiene precio


Así ve el mundo Alfredo Castillo, cuyo único merito es su obvia amistad con Enrique Peña Nieto, o por lo menos así lo presume "el avatar" en su cuenta de twitter.

Este personaje típico de nuestra folclórica nomenclatura política, irrumpe en el medio deportivo sin nexo alguno con el deporte, después de haber fracasado en por lo menos, otras dos encomiendas presidenciales muy puntuales, y a pesar de eso, y quizá por eso, el Presidente decide ponerlo en un sitio en donde pensó que no podía hacer daño ni ruido desfavorable para su gobierno... y qué creen, Castillo se las ha ingeniado para meter tanto ruido con su desaforado protagonismo y su "intervencionismo", que el tema ya trascendió fronteras y llegó hasta el COI, en lo que pudiera resultarle al gobierno de México una nota internacional muy desfavorable, puesto que incluso, a corto plazo, se podría sancionar a nuestro deporte con la "no participación en Juegos Olímpicos", lo que repercutiría en la ya de por sí cuestionada imagen de nuestro gobierno a nivel internacional.

Y mientras la discusión en torno a la irrupción exagerada y arrebatada del mismo Castillo en todo tipo de eventos y lugares propicios para incrementar su egoteca continúa, otros asuntos realmente delicados que requieren su atención y respuesta se empantanan y esconden a la sociedad, por ejemplo el penoso asunto de la niña de tan solo 10 años que perdió la vida después de un clavado en la fosa de CNAR, instalación administrada y bajo responsabilidad directa de la Conade. Han pasado ya más de 20 días desde aquel evento y el señor Alfredo Castillo, supuesto especialista en cuestion de procuración de justicia, no se ha dignado a hablar del asunto, ¿en verdad es un caso tan enigmático y escabroso?

Castillo dice: "lo que está en juego no son unos Juegos Olímpicos, sino el futuro del deporte mexicano...", y ya encarrerado, se desboca con esta joyita: "la Carta Olímpica es el mejor invento que se ha creado para evitar la fiscalización de recursos públicos y la evaluación de resultados".

PD. Aunque tuviese razón de fondo, Castillo se equivoca en cuestión de formas.

carlos.albert@milenio.com
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