Juego limpio

La muerte del puma

Así lo describo, porque así lo siento, este momento que vive el equipo representativo de la UNAM en el futbol profesional es el peor de su historia, lo que no sería relevante tratándose de otros muchos equipos sin identidad tan profunda y clara, pero que precisamente por la historia, tradición, costumbres y ADN de Pumas, merece un análisis profundo, sin tocarse el corazón, ni buscarle “pretextos y escusas”.

Pumas tiene una historia muy clara y una identidad trabajada a lo largo de muchos años, esculpida día con día, tiene un sello que quienes hemos seguido su trayectoria desde que subió a la primera división, conocemos y admiramos, tiene mucha sangre, sudor y lagrimas, así como muchas alegrías, éxitos y festejos en su caminar.

Pumas no es un equipo cualquiera, y no me refiero a que sea mejor o peor que otros, simplemente subrayo y enfatizo… Es un equipo con ADN diferente, y por lo tanto, me niego a ver cómo, quienes deberían estar cuidando ese valor único e incomparable, se sientan a dilapidar sin vergüenza alguna, ese capital moral y esa historia.

Creo firmemente, que los actuales directivos así como todos aquellos personajes que han tomado decisiones completamente ajenas a esa identidad, son culpables de estar asesinando esa historia acrisolada por tantos y tantos personajes que le dieron vida, no solo al equipo… También se la dieron a la prosapia y al espíritu del mismo.

No quiero personalizar el tema, pero tampoco lo puedo dejar pasar como si nada, hoy, el rector, la directiva y el cuerpo técnico deben trabajar día y noche, no solo para que el equipo recupere su calidad y sello deportivo, es imperativo y urgente que más allá de resultados números y estadísticas, Pumas recupere su identidad y su ADN, no hay excusa ni pretexto, ni siquiera esas tontas y huecas explicaciones de Mario Trejo argumentando que inunda de extranjeros, de no nacidos en México y de súper veteranos el equipo, “porque es momento de buscar experiencia para sacar al puma de la barranca”… Vaya estupidez.

PD. La afición y la historia de Pumas no merecen esta afrenta. 

carlos.albert@milenio.com

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