Juego limpio

Es lo “mesmo”, pero no es igual

Así describo el horripilante parche que Decio de María le sobrepone a ese engendro que él llama protocolo para el tratamiento de asuntos racistas en los estadios de futbol.

Manteniendo su acostumbrado servilismo, Decio de María tomó el protocolo que FIFA emitió sobre el tema y se le hizo fácil tropicalizarlo, o mejor dicho, mexicanizarlo, para convertirlo en un Frankenstein, tan enredado y rebuscado, que le permita aparentar interés en el tema, y al mismo tiempo, le de la enorme posibilidad de manipularlo a su conveniencia, “asegún” a quién aplicárselo, a unos se lo aplicará a rajatabla, con otros negociará el tema como lo hace normalmente con ciertos asuntos sensibles del reglamento

Si uno lee el protocolo de FIFA, el tema resulta sencillo y fácil de entender y obviamente de poner en práctica, pero cuando uno compara con lo que redactó Decio de María, notará la gran diferencia, el tipo le metió términos y lo llenó de paja legaloide, lo transformó en algo que perfectamente bien podría firmar el inmortal Capulina: “Puede ser, quién sabe, posiblemente, a lo mejor, en una de esas, es factible, hay que ver, ya veremos” etc.

Como todo lo que tiene que ver con legalidad, orden, ética, justicia, juego limpio etc., este tema de racismo en los estadios es llevado a límites tan ambiguos y laxos que le permite a Decio moverse para donde le ordenen los dueños del balón.

Y lo triste es que en lugar de que nuestro futbol profesional mejore en cuanto a las formas y el fondo del espectáculo dentro y fuera de las canchas, en lugar de que aminore la violencia, se evite la reventa, se prohíba la venta de alcohol en la cercanía de estadios, se implementen medidas de seguridad serias y comprobadas, desparezca la multipropiedad, se respete el estatus laboral del jugador etc., siempre acabamos jugándole al Tío Lolo… Hacemos como que hacemos, pero no hacemos nada, promovemos cambios con objeto de que nada cambie… Qué vergüenza.

PD. Bienvenido al futbol mexicano racismo… Decio de María ya te dio su bendición.

carlos.albert@milenio.com

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