Juego limpio

Yo sí creo en la posibilidad de un arbitraje deshonesto

Y no soy complotista, simplemente soy “realista”. Por el contrario, creo que los ingenuos que siguen metiendo las manos al fuego por la honestidad y pureza de nuestro futbol profesional son, no solo ingenuos… Son cómplices silenciosos de tal deshonestidad.

Me parece que exculpar al arbitraje mexicano con el simplón argumento de que “apenas se está jugando la jornada 4”, ignorando olímpicamente un pasado opaco y enlodado en ese sector, pretendiendo olvidar la forma tan gris y oscura con que se manejan los temas arbitrales en la Liga “Muy X”, ignorando los intereses enormes que se cruzan entre la FMF, los medios involucrados, los promotores, etc., cerrando los ojos a los millones de dólares que se cruzan en apuestas basadas en el futbol a nivel nacional y mundial, los cada vez más obvios intereses de los patrocinadores que se han colado hasta la cocina de la FMF para tomar decisiones de índole deportivo, de horarios, reglamentos, etc., está engañando a sus lectores. “Alguien me podría decir más o menos, ¿en qué jornada ya se podría hablar de deshonestidad arbitral si la hubiese?”.

Y no se trata de atreverse a señalar “quién ordenó la salvación de Chivas”, se trata de “atreverse” a insistir en que el arbitraje mexicano lleva mucho tiempo siendo administrado por los dueños del baló, quienes controlan todos y cada uno de los movimientos de ese gremio de forma dictatorial, también es cierto de toda certidumbre que los árbitros son manejados y manipulados por una comisión absolutamente abyecta y dócil a los dueños del balón, cómo entonces atreverse a absolverlos con tal prontitud. Pido a quienes defienden a los árbitros, que nieguen lo que aquí afirmo, tienen derecho a creer en la pureza del arbitraje mexicano, pero no a llamar complotistas a quienes recordamos mejor que ellos la realidad de nuestro futbol, plagado de delitos, suciedad y deshonestidad por doquier.

Creo que son más ingenuos, creativos y menos atrevidos los que pretenden olvidar la realidad, que quienes dudamos de su ética y su honestidad.

PD. La mula no era arisca…

carlos.albert@milenio.com

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