Juego limpio

La cita postergada

Mi recuerdo cariñoso y mi respeto eterno para el inigualable Mago Septién.

Que el destino me deparó, quizá la pueda cumplir según los deseos de mi corazón.

Él no lo sabe, pero mi corazón no lo olvida, resulta que durante el Mundial de Alemania, estaba yo cubriendo ese evento como periodista de Grupo Fórmula en un hermosísimo pueblo ubicado estratégicamente para desde ahí transportarnos a todas las sedes mundialistas.

De pronto, me entero por los cables y las noticias de tan triste noticia… Mohamed había sufrido un terrible accidente y se encontraba hospitalizado en un centro médico justo en el mismo pueblo. Conmovido y lastimado por la nota, tomé el automóvil y fui al hospital a buscarlo para ponerme a sus órdenes, no como periodista, sino como ser humano identificado con él, me urgía estar con él, ver qué necesitaba, saber si requería de algún servicio, de alguna comunicación… lo que fuera. Me imaginaba que en esas condiciones, tan lejos y aislado de su mundo, el ver a una persona conocida que estaba ahí para servirle como puente y ayudarlo en lo que mis posibilidades me lo permitieran, podría servirle de algo.

Confieso que llegué al hospital, por cierto maravilloso, con el corazón latiendo muy fuerte… Me identifiqué y pregunté por él, después de varias consultas entre doctores enfermeras y personal del hospital, me dijeron: “Hace cinco minutos lo trasladaron a otro hospital de especialidades como a 400 kilómetros”. Se me cayó el corazón, quería haberlo ayudado, una cara conocida (aunque no amiga ni cercana), en esas condiciones y en esas latitudes, hubiese sido un pañuelo y un hombro en el cual reposar para sentirse acompañado, Dios sabe que lloré por él y por su dolor, ¿que hubiera yo podido hacer por él y su familia… Nunca lo sabré, pero, al igual que en aquel entonces, hoy, cada vez que recuerdo este momento, he tenido el deseo de abrazarlo para decirle: “Mohamed lo siento mucho, en qué te puedo servir”. Espero que hoy, después de tantos años, en su retorno al DF, lo pueda yo ver para saldar esa cita pendiente con un abrazo de futbolistas, de padres, y de seres humanos tan necesitados de una palmada en la espalda, por lo menos a mí me ayudaría mucho…   

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