Juego limpio

Una chambita de esas…

En la que mi amigo del alma, casualmente Presidente de la República, me apoya a morir contra todo y todos, aun a costa de mis arranques de exhibicionismo y de enamorado adolescente, me defiende a ultranza y miente gritándole al país entero que me ratifica “porque sí sé de deportes”.

De las mentiras y falsedades de Alfredo Castillo… ya ni hablamos.

¿Y NUESTROS DIPUTADOS, “APÁ”?

Y para continuar con este vergonzoso pasaje en la historia de nuestro deporte, antier vivimos otra muestra de la miseria de diputados que tenemos en este México nuestro (salvo rarísimas excepciones), cuando en la presentación (que no comparecencia) de Alfredo Castillo ante la pomposa Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados pudimos corroborar esta realidad patética… ¡Qué vergüenza, qué miseria, qué horror! Con razón estamos como estamos, eso fue una exhibición de cinismo, desconocimiento del tema, desinterés por el deporte del país, política barata.

Qué espanto ver a muchos de esos diputados como actores de una obra mal escrita, leyendo -por cierto pésimamente- guiones absurdos, y hablando como autómatas de un tema que no conocen ni les interesa, entre ellos, un desvergonzado de apellidos Kuri Grajales, experto en infringir leyes y estatutos, agresor de autoridades y un clarísimo ejemplo de los vicios que representa el PRI actual en este país.

Fue de terror observar cómo todo el numerito de esa presentación estaba predeterminado para que el amigo de Peña Nieto saliera no solo airoso, sino apoyado por esa comisión de “petatiux”… cada día es más obvio que el deporte no le importa al gobierno.

¿Y LA DIGNIDAD, “APÁ”?

Por otra parte, atletas ingenuos, deportistas sin personalidad, apagados, maltratados, funcionando como títeres o como mobiliario, tratados como animalitos de circo… “siéntense, cállense, hablen, pero muy poco y rapidito… y ahora, váyanse y nos vemos aquí dentro de cuatro años”… Qué tragedia verlos ahí como castigados, después de que sacaron su carácter y su alma en las pistas, canchas, albercas, etc., de Río de Janeiro.

PD. Qué país, Dios mío. 

carlos.albert@milenio.com

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