Juego limpio

El Rey Midas

Le llaman a Víctor Manuel Vucetich, director técnico mexicano que a lo largo de su carrera se ha dedicado precisamente a eso, a dirigir a sus equipos y no a gritar como muchos de los entrenadores que pululan por ahí, presumiendo simplezas, para ocultar sus decenas de fracasos, lamiendo sus heridas y culpando a medio mundo.

Vucetich ha sido un técnico serio, puntual, ajeno a chismes, lo suyo es dirigir y mantener el timón bien enfocado al rumbo que pretende. ¿Será por ello que ha llegado a 15 finales? ganando muchas de ellas, desde aquel ascenso a la Primera División con el León, y de ahí en adelante, Víctor se ha mostrado como técnico exitoso.

Vuce ha pasado por todo tipo de equipos, buenos, regulares y malos, en buen momento o a la baja, y en todos ellos su sello ha sido el mismo: trabajo discreto y sin estridencias, ni escándalos, obteniendo casi siempre los resultados

Víctor es un muy buen técnico, y en este futbol, en el que la estridencia, los exabruptos, los compadrazgos y las influencias son el modus operandi de la gran mayoría de los que se dicen técnicos, personas como Vucetich, son la excepción.

Hoy que Víctor se ubica nuevamente en una final con su equipo, el Querétaro, me pareció oportuno hablar de su excelente carrera y sus virtudes profesionales, porque soy de los que cree que bien vale la pena aplaudirle y mencionar su gran trayectoria.

¿DEBEMOS TOMAR EN SERIO LA COPA?

No lo creo, es un torneo devaluado e incluso despreciado  por los equipos de Primera, es un parche y un torneo cuyo formato solo ha logrado interesar a la afición para voltear a verlo en sus últimas jornadas, y eso dependiendo de los equipos que llegan a esa instancia, pero que durante su devenir no ve nadie.

Lastimosamente, la gran cantidad de juegos de todo nivel nacional e internacional que consumimos los mexicanos, arrincona a la Copa en una esquina oscura y abandonada; en fin, cada quien se conforma con lo que puede, y al grito de ‘un campeonato es un campeonato’ se conforman y se esconden los mediocres.

PD. A quien le dan pan, que llore. 

carlos.albert@milenio.com

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