Juego limpio

Radiogafía del Tri

Si tuviera que presentar un diagnóstico de los problemas que aquejan al Tri “desde endenantes”, utilizaría como ejemplo el juego contra El Salvador, porque para mí, en ese encuentro vimos una radiografía perfecta de los males que aquejan a nuestro futbol, y por lo menos un resumen de los principales defectos del Tri, en cualquiera de sus épocas y bajo la batuta de cualquier técnico.

Recordemos que antes de que anotáramos el primer gol dominamos a placer a un rival que se sabía víctima propiciatoria y solo buscaba que la goleada en contra no fuera histórica, y aquí viene lo bueno…

En cuanto anotamos ese primer gol, cambiamos radicalmente, se perdió esa enjundia, ese deseo de anotar, se perdió el alma y no solo eso: se bajó el ritmo y la velocidad del juego, se empezó a consentir al rival, se cayó en un marasmo de pases de todo tipo, muchos sin sentido final, es decir: nos relajamos.

Y ese es precisamente el gravísimo problema del futbol mexicano, nos falta salir a matar, nos falta tener hambre de triunfo, nos falta entender que no basta con ganar, hay que aniquilar, hay que masacrar al rival, si se le anotan cinco o nueve es mejor. Lo que no podemos es bajar el ritmo “nunca de los nuncas”, hay que salir como los alemanes a matar al rival.

Lo que no quiere decir que siempre se ganará, o que cuando se gane se lograrán marcadores abultados, pero esa mentalidad adquirida juego a juego los hace ganadores, y sobre todo, les permite ser competitivos, “siempre de los siempres”.

Y por favor no se confundan, nadie pretende que se salga a pelear, o a jugar violentamente, o convertir el campo de juego en un ring de artes marciales, no hablo de masacrar ni de demoler en ese sentido, se trata de esa mentalidad indispensable desde el minuto uno al 90 para mantener un nivel de competencia que no dependa del marcador.

Nada de adaptarse al marcador para ver si acelero o floto, si corro o troto. ¡No! Me mato en la cancha los 90 minutos pase lo que pase y contra quien sea; esa es la única forma de crecer, vencer, y convencer.

PD. Administrarse no es el camino.

 

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