Juego limpio

La Premier cuida a jugadores conmocionados

En medio de las interrogantes que encubren los posibles traspasos de futbolistas mexicanos al futbol europeo, y arrinconada por los promocionales, comentarios y resultados de los chorrocientos juegos que se dan en el marco de chorrocientos torneos de todo tipo, mismos que nadie atiende y a nadie interesan, pasó desapercibida una noticia que para mí resulta importantísima por cuanto que se trata de confirmar que la prioridad del reglamento del futbol es la preservación y el cuidado de la integridad física del jugador.

Efectivamente, se trata de una nueva y obligatoria regla adoptada por el futbol inglés, que prohíbe que un jugador que sea tratado o abandone la cancha por haber sufrido una conmoción cerebral, no podrá regresar a la cancha bajo ninguna circunstancia en el mismo partido.

No es por nada, pero este tema ha sido constantemente tratado en este espacio, ha insistido una y otra vez, en el mal manejo médico del futbolista en determinadas circunstancias y lesiones, especialmente las que tienen que ver con la columna vertebral y los golpes en la cabeza, golpes que pueden dejar secuelas muy graves en el futbolista y que se ven cada día con mayor frecuencia en las canchas.

Una conmoción cerebral puede ser fatal y no forzosamente en el instante del mismo, y precisamente por ello es urgente que en todo el mundo se adopte esa nueva reglamentación que ya se implementó oficialmente en el futbol inglés para cuidar  la salud del futbolista.

Baste recordar que durante la Copa del Mundo vimos con gran preocupación varias acciones que culminaron con sendas conmociones cerebrales y como de manera irresponsable, por decir lo menos, los futbolistas conmocionados volvieron al terreno de juego aún en estado de inconciencia, los más obvios,  el del uruguayo Pereira, que aún conmocionado, insistió en regresar al juego, o el del alemán Kramer, quien en plena final, pregunta al árbitro en dos  ocasiones “si estaban jugando la final de la Copa del Mundo”

PD. Más vale prevenir, que ya no tuvo remedio.

carlos.albert@milenio.com

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