Juego limpio

El "Piojo" y sus zapatillas de ballet

Lástima… pintaba para ser un técnico nacional diferente y profesional, sin embargo, tal y como lo dije en este mismo espacio incluso antes de su fracaso en Copa América, no es lo mismo ser “relevista” que “abridor”.

Lamentablemente el Piojo y su prole se pavonearon con sombrero ajeno y acabaron engañándose ellos mismos… La verdad, el Piojo no ha enseñado nada nuevo en el aspecto “cancha”, la diferencia es que bajo su mando, el Tricolor se convirtió en un ente más accesible para la prensa, cosa que se le agradecerá siempre, pero una cosa no tapa la otra, nos calificaron de milagro y de carambola al mundial y regresamos del mismo con los resultados de siempre, nada de nada.

Hoy, cuando la responsabilidad ya es 100% suya, y el primer gran fracaso lo desnuda, el Piojo y su prole se ponen ariscos y agresivos, retadores y corrientes, demostrando que aquella conducta amable y profesional, solo existe cuando las cosas le van bien.

Herrera grita: “Hay un solo pendejo que me ataca, me lo voy a encontrar y ahí discutiré con él”, ojo, no es solo uno, y no es ataque, somos miles y es crítica.

Y no es que nos espante su léxico ajeno a su calidad de técnico nacional o el de su hija, que bien haría en mantenerse ajena a los asuntos profesionales de su papá, pero esa es otra muestra de que ha perdido piso y está frustrado y acorralado por tantos y tan graves errores y fracasos.

Lo malo no es equivocarse, todos lo hacemos, lo vergonzoso y peligroso es no reconocer sus errores. Mientras el Piojo y su prole no reconozcan sus graves errores profesionales y personales, seguirán en caída libre.

El Piojo se cree intocable porque Televisa, empresa para la que trabaja, lo cobijará, al final de cuentas son socios en sus millonarios contratos publicitarios, pero todo tiene un límite y Herrera y su prole están jugando con fuego al retar a millones de aficionados que ya se dieron cuenta de su excesivo exhibicionismo, su falta de autocritica, y sus carencias como técnico.

PD. El Piojo nos reta diciendo que “no nos embona ningún zapato”. Lo malo es que a él le embonan todos… hasta las zapatillas de ballet con las que se puede ir de puntitas...  

 

carlos.albert@milenio.com

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