Juego limpio

Nuevamente el arbitraje

Fue la nota del torneo, por más que Decio amenaza, multa, grita, patalea, llora y suda para callar las críticas que semana a semana provocan las pésimas actuaciones del gremio arbitral.

Lo fácil para la prensa es cerrar los ojos a este tema y dedicarse a aplaudir y elogiar aspectos que ciertamente existen en el futbol mexicano... Especialmente algunos goles extraordinarios y pasajes aislados de algunos juegos, pero si le damos la espalda al tema del arbitraje, estaríamos traicionando nuestro compromiso ético con nosotros mismos y sobre todo, con el aficionado y con el deporte mismo.

Escudarnos en frases y clichés como "los árbitros son humanos", el arbitraje esta igual de mal en todo el mundo", "el error es parte inherente en el futbol", solo sirven para evitar un reconocimiento serio del problema y quedarnos en la superficie del mismo... Y no olvidemos que el arbitraje es, ni más ni menos, el eje de la autoridad en el espectáculo, y el guardián del reglamento de este bello deporte que en su medula moral está pensado para cuidar la integridad física del jugador y para brindar un espectáculo tratando de evitar violencia y abusos que atenten contra el fair play o juego limpio.

Por eso no debemos caer en la red de tonterías y frases huecas de quienes para cubrir su falta de capacidad (en el mejor de los casos) y su manejo inmoral del arbitraje, quisieran dejar este tema fuera de la agenda del periodismo deportivo especializado.

Las multas, las amenazas, el cabildeo personalizado con dueños y directivos, y todo el empeño que Decio y demás directivos ponen para esconder sus miserias y tendenciosas decisiones, manipulando a los de negro, solo han servido para desdibujar y despintar un arbitraje carente de personalidad, autonomía, capacidad y calidad profesional, pero eso no puede evitar que miles de aficionados y decenas de periodistas observen semana a semana ese trabajo defectuoso al grado de parecer hasta sospechoso.

PD. Violencia creciente y pésimo arbitraje, dos plagas que Decio ignora olímpicamente. ¡Cuidado!

carlos.albert@milenio.com

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