Juego limpio

Dicen que las comparaciones son odiosas

Pero ciertamente, en muchas ocasiones sirven para reflexionar acerca de ciertos temas, y en este momento en que la FMF asume su calidad de anfitriona de los altos mandos de la FIFA y por obvias razones de sus capitostes y líderes, se me viene a la cabeza una comparación  triste y delicada, pero a todas luces clara  e innegable:

El gobierno mexicano y la FIFA.

¿En qué se parecen el gobierno mexicano a la FIFA y los mexicanos a los futbolistas profesionales del mundo? En muchas cosas, entre otras:

1. Ambas entidades son gobernadas por una mayoría de personajes funestos, deshonestos, abusivos y mentirosos; gobernantes y directivos ajenos a los intereses del pueblo y del aficionado según el caso, gobernantes y directivos tramposos y desvergonzados.

2. Tanto los mexicanos como los futbolistas han demostrado sumisión y servilismo ante los abusos patentes y constantes de gobernantes y dirigentes.

3. Tanto los mexicanos como los futbolistas del mundo saben que están siendo sobreexplotados por el gobierno mexicano en un caso y en el otro por los Fifos, y sin embargo no movemos un dedo para cambiar este estatus tan denigrante e indigno.

4. En ambos casos,  los gobernantes del país, y los dirigentes del futbol, se pavonean y se imponen a pesar de que el mundo entero sabe de sus tropelías.

5.- En ambos casos, tanto nuestros gobernantes como los dirigentes de la FIFA cuentan con el apoyo de los medios de comunicación, ya que la “reciprocidad y los beneficios que se ofrecen mutuamente es definitiva”, por lo que todos fingen demencia.

Por eso no es de extrañarse que Infantino, el nuevo capitoste de la FIFA se presente en nuestro país sonriente y descaradamente cínico, como si en este momento la FIFA, ente del que él ha sido parte viva y funcional desde hace muchos años, no estuviera viviendo  uno de los más sucios capítulos de corrupción multinacional y millonaria de su historia, tan cínico como nuestros gobernantes y tan desvergonzados también.

PD. Pero finalmente la culpa no es solo de ellos, ya que nosotros no hacemos nada para evitarlo. 

carlos.albert@milenio.com

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