Juego limpio

¿Y el Atlante, y la historia, y la tradición, "apá"?

Quizá para algunos, hablar de identidad, historia, tradición, etc., en el marco del futbol profesional mexicano no signifique nada. Las nuevas generaciones han crecido con otros valores, otra visión y otra forma de ver la vida y enfrentarla, lo mismo les da un equipo que otro, un nombre que otro, una sede que otra, uniformes de cualquier color, etc. La inmediatez de las comunicaciones abre enormes caminos virtuales en el universo, el internet acapara su vida y su mente, apenas están absorbiendo una “aplicación o una nueva red social”, y ya están disponibles muchos más nuevos y diferentes; la transformación del mundo de la comunicación no da reposo y no les permite asimilar ciertos aspectos trascendentes y algunos valores que más allá de su visión y percepción, son los que han sostenido al planeta tierra más o menos ordenado y organizado. Valores y tradiciones universales que desde mi perspectiva no deben dejarse de lado nunca so pena de acabar perdidos y olvidados en medio de un mar de información muchas veces hueca e inservible, información caduca e inútil, pasajera y desechable.

¿A qué viene todo este rollo? Al tema del Atlante, un equipo que nació en el DF, creció en el DF, tuvo sus buenas y malas en el DF, estaba arraigado en el DF, y por esa falta de sensibilidad, respeto y amor por el futbol, fue desarraigado, arrancado de raíz, para convertirlo en un equipo nómada… El Atlante está con un pie y tres dedos del otro en la Primera A, y aunque esperamos un pleito legal en busca de su permanencia, o quizá un arreglo extracancha para aumentar el número de equipos en la Primera, puede ser que el final del camino tenga que sufrir lo mismo que otros grandes equipos como el Necaxa… Conformarse con vivir durante muchos años, arrumbados en otra división y en otra ciudad muy diferente a la que los vio nacer, crecer y brillar.

PD. Y a la afición que forma parte inherente a estos equipos, ¿quién la defiende, quién la cobija, quién la respeta? El futbol profesional mexicano parece un juego de mesa despersonalizado y hueco. 

carlos.albert@milenio.com

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