Especial

Desde París

Poco a poco el tema del Brexit va dando paso en la Eurocopa, para esto ha sido muy importante el inico de los octavos de final, fase obviamente más intensa y de mayor calidad. Hoy domingo (ayer), amaneció muy nublado en París, y decidí salir hacia la ciudad de Lille para ver a los alemanes frente a los eslovacos; me pareció el juego más interesante del día y el más cómodo para ir y regresar a París  a tiempo para trabajar en mis envíos.

Y aunque el pronóstico se cumplió con la fácil victoria de Alemania, el juego inició con  mucha emoción y tensión cuando al primer minuto Alemania comete un penalti que si se hubiera señalado ponía adelante a los eslovacos, y más aún, cuando Mesut Ozil, jugador de gran experiencia, falla otro penalti a favor de Alemania y unos minutos después, solo frente al marco vuelve a fallar inmisericordemente.

Ambiente diferente, ánimo distinto, en este estadio de Lille todo se concentra en unas cuantas cuadras, y al no estar en medio el equipo de casa (Francia), las cosas cambian mucho, baja la intensidad de las porras, los gritos, los cantos, etc. Sin embargo, el triunfo de Alemania calma a la mayoría.

Aquí en Lille viví una experiencia estupenda, resulta que llegamos temprano para ubicarnos en algún lugar para ver el juego de Francia, pero los lugareños nos mandaron a un restaurante... pero resulta que por obvias razones ya se nos habian adelantado decenas de aficionados alemanes y franceses y al llegar al lugar, éste presentaba un sobrecupo endiablado, digamos que si en el sitio cabrían 120 comensales, fácil habría ahí 300 personas; la gran mayoría de pie.

Resultaba imposible moverse,  lo bueno es que había dos grandes pantallas en lo alto del lugar, y otras  más pequeñas repartidas en todo el retaurante, por lo que todos lográbamos ver bien el juego, ahí se armó el ambiente, incluso cuando Francia tomó ventaja clara, se dejó escuchar parte de La Marsellesa, amén de otros muchos cánticos de los alemanes que en cuanto terminó el partido de Francia salieron volados para meterse al estadio, y nosotros también, ese fue un momento clásico de la Euro


carlos.albert@milenio.com