Columna invitada

Memoria cerebral

En el deporte se utiliza ampliamente el término“memoria muscular”, que se refiere a movimientos practicados recurrentemente, entrenados constantemente y que el cuerpo puede realizar casi de manera automática, sin necesidad de un proceso de cálculo sobre la acción. Patrones de ello, son los servicios de los tenistas o los swings de los golfistas. La repetición y el dominio del movimiento permiten a los deportistas tener resultados positivos una y otra vez.

Pues bien, yo creo que también existe la memoria cerebral y con ella me refiero al bagaje que hay en la mente de un deportista, mismo que es altamente influenciado por su historia y cultura. Este bagaje significa para los atletas mexicanos -quienes nos representan en las élites de la competitividad deportiva- una cuesta adicional a la que enfrentan, otras nacionalidades.

En México se perdona todo: la corrupción, el alcoholismo, la violencia de género, la mentira; casi todo, pero pocas veces: el éxito.

Basta que comiencen a destacar y a ser admirados, para que millones estén prestos a atacarlos ante el primer tropiezo. Un deportista mexicano ha escuchado toda su vida que es: el ya merito, que está inflado, que va a pasear a las competencias. Así, nos referimos a los más diestros de nuestro país, a aquellos que intentan poner en alto el nombre de México.

Cuando llega el momento de contender todos esos mensajes, están presentes en menor o mayor medida en la mente del competidor.

No obstante,son de resaltar los arquetipos opuestos, tal es el caso de los Estados Unidos, cuya estrategia se centra en la construcción de su ventaja. Se basan en la idea de que son los mejores, de que siempre se puede ganar.

Aquí un ejemplo contundente. En ocasión del partido de hockey sobre hielo, Estados Unidos contra la Unión Soviética en Lake Placid 1980, el entrenador estadunidense, Herb Brooks, arengó a sus jugadores antes del partido: “si jugamos 10 veces contra ellos, probablemente nos ganarán nueve, pero ¡hoy no, esta noche no!”. Y ese día ocurrió lo impensable, EU le ganó al casi invencible equipo profesional más potente del planeta con jugadores colegiales.

Pero en México todo es distinto, nos encanta perpetuar los malos momentos. No así, los triunfos. ‘El maldito 7-0’ lo escuchamos: cuando perdemos, cuando empatamos y hasta cuando ganamos. Todos los países, empresas y equipos tienen fracasos, pero nos fascina restregárnoslo y recordárnoslo todos los días. Nos gusta también hablar de procesos de planeación, mismos que ansiamos torpedear al primer descalabro.

Por eso, aunque nos encante hacer señalamientos, TODOS somos parte de esa enorme dificultad que enfrentan los mexicanos para triunfar, TODOS hemos construido ese muro llamado: último momento, momento definitorio o quinto partido.

Es tiempo de ensalzar la mentalidad delos mexicanos que nos han demostrado que podemos ser los mejores, desafiando el paradigma del derrotismo, como lo hicieron: Lorena Ochoa, María del Rosario Espinoza, Paola Espinosa, Paola Longoria, Julio César Chávez, Ernesto Canto, Hugo Sánchez y el Tri Olímpico, entre muchos otros.

Se perdió contra Alemania y Portugal, cierto; otra vez… correcto. Pero es lo lógico, ante plantillas con jugadores con valores muy superiores a los nuestros. Pensar que eso refleja que no avanzamos es una ceguera, hay niveles, sí y poco a poco hay que trabajar para alcanzarlos.

Así como nos exigimos razonadamente dominar CONCACAF, de la misma forma y con humildad debemos reconocer que a esos se les gana 1 de 10. Mejor busquemos estar listos para esa, porque vandalizar proyectos no nos acerca para nada a ello.

Este Tri pecó de valiente, al menos eso es preferible. Jugamos a los pechazos contra gigantes y aprendimos que es necesario buscar otro camino, habrá más partidos como estos, sin embargo, intentemos generar una ideología positiva y distinta para encararlos.

Duele… duele ver que en Youtube la derrota contra Chile de 7-0 ha sido vista por 12 millones de cibernautas, mientras que el video sobre el oro olímpico de México tiene 4.5 millones de visitas. ¡Así está cañón!

Nos gusta repasar y repensar los fracasos, sin darnos cuenta que ello nos acerca mucho más a repetirlos que a cambiarlos. La ‘memoria cerebral’ del derrotismo es lo primero que tenemos que sustituir. 

@bernardodlgarza ‏